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Tuvimos que escuchar Programación nacionalque más tarde se convertiría en Rai 1. Las familias se instalaban ansiosamente en los salones o en la cocina. La televisión había llegado a nuestro país hacía apenas dos años, pero quienes podían permitírselo ya la habían instalado en sus casas y la contemplaban asombrados, como una reliquia reluciente. Las primeras transmisiones regulares comenzaron en enero de 1954. Hoy, enabril de 1956la programación había aumentado y todo el mundo hablaba de este nuevo programa, una especie de trampolín para los italianos que querían probar suerte en el mundo del espectáculo. Su nombre era “Primer aplauso” y en pocos años habría desplegado multitud de directores: Piero Turchetti, Fernanda Turvani, Giuseppe Sibilla, Ubaldo Parenzo y Lino Procacci. El tema introductorio fue: “Revisión de Aspirantes a Honor”.

Había que llevarla a cabo, al menos con la intención inicial. Silvana Pampanini, con Enzo Tortora a su lado. Sin embargo, desde los primeros episodios la actriz empezó a mostrar cierto malestar. Parecía que no podía soportar los días de la pantalla chica, la necesidad de moverse en vivo y todo lo que conllevaba. Por tanto, el matrimonio con la producción duró muy poco y Tortora se encontró asumiendo un papel mucho más central de lo que hubiera imaginado: el de único animador. Pero incluso entonces, la asociación duró bastante poco. En 1957, para la segunda temporada, se contrató a dos nuevos actores para dirigir el programa: Silvio Noto y Emma Danieli.

Fue, para todos los efectos, el primer show de talentos en la televisión italiana. Un precursor de X-Factor, pero mucho más ramificado. Quizás más cerca, por esta razón, de una Italia tiene talento. Entre los participantes se encontraban cantantes en ciernes, bailarines, artistas de cabaret e ilusionistas. Debían competir en un concurso regido por otra novedad absoluta: los aplausos. El término, acuñado por Enzo Tortora, se refería a un instrumento capaz de medir la intensidad de los aplausos brindados por el público presente en la sala, que, combinado con un sistema de votación digital, determinaba la posibilidad de pasar de ronda y acceder a las etapas finales.

Toda Italia que podía permitírselo –a menudo grupos de personas de un mismo barrio reunidas frente a un único televisor– quedó irremediablemente cautivada por la fórmula del espectáculo. La gente se mostró entusiasmada con las actuaciones, juzgando desde casa y debatiendo alegremente. Mientras tanto, la serie generaba ratings y, en algunos casos, lanzaba talentos seriamente. De ahí pasaron Adriano Celentano y el mago SilvanUn nombre que afortunadamente se le dio a Aldo Savoldello gracias a una intuición de Silvana Pampanini. En total, la serie duró treinta y seis episodios.

El jurado no fue la excepción, pues -si bien es cierto que el medidor de aplausos tenía su peso específico- la evaluación técnica de los competidores recayó en aquellos que ya poseían el arte, mediante una votación de pádel. Surgieron así nombres altisonantes, como los de Claudio Villa y Eduardo De Filippo.

Comenzó así una nueva etapa en el mundo del entretenimiento italiano, con un formato que, aunque evolucionó naturalmente a lo largo de las décadas, ha sobrevivido intacto hasta nuestros días. Este derecho de nacimiento, sin embargo, sigue siendo incuestionable: los talentos tal como los conocemos florecieron hoy en un día de primavera, hace casi setenta años.

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