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Una mayor afluencia de agua salada tendría importancia ecológica, especialmente para las profundas cuencas centrales del Mar Báltico. A menudo, en las capas profundas de agua falta oxígeno durante años o décadas.

Según la OIA, una afluencia tardía del invierno podría tener dos efectos: el agua fría puede absorber más oxígeno que el agua tibia. Por lo tanto, transportaría a las profundidades una cantidad de oxígeno superior a la media. Además, una afluencia suficientemente fuerte podría poner fin a las altas temperaturas de las aguas profundas de las cuencas centrales, que llevan aumentando desde hace aproximadamente dos décadas.

Actualmente, las temperaturas elevadas están promoviendo una mayor actividad microbiana. Esto acelera la descomposición de la materia orgánica, como las algas muertas, y conduce a un mayor agotamiento del oxígeno. Las zonas pobres o privadas de oxígeno son inhabitables para los peces y otras criaturas superiores. Además, la falta de oxígeno puede contribuir a la liberación de nutrientes del sedimento.

Para registrar con precisión una posible entrada de agua salada, la OIA utiliza, entre otros, datos de la estación de medición autónoma “Darßer Threshold” en el Mar Báltico occidental. Forma parte de la red Marnet, que el instituto opera en nombre de la Agencia Federal Marítima e Hidrográfica. Allí se miden continuamente el caudal, la salinidad y el oxígeno.

También se evaluarán datos de otras estaciones de medición y buques de investigación. Según el instituto, el barco de la OIA “Elisabeth Mann Borgese” viajará a las zonas marítimas afectadas durante 49 días durante las próximas ocho semanas.

Si realmente se producirá una intrusión grave de agua salada y cuándo dependerá de condiciones climáticas adicionales. Sin embargo, las condiciones iniciales se consideran más favorables que en décadas.

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