Suspenso, goles y tensión. Al final de un clásico eléctrico que debió hacer las delicias de los espectadores presentes en el estadio Rey Abdallah de Jeddah (Arabia Saudita), el FC Barcelona ganó la Supercopa de España, la segunda consecutiva, al imponerse el domingo al Real Madrid (3-2).
Dominantes y ofensivos, los hombres de Hansi Flick supieron contar con su centrocampista para sofocar los intentos del Real y crear ocasiones. Sin embargo, se enfrentaron durante mucho tiempo a un Thibaut Courtois imperial (27º, 40º). La muralla madrileña saltó por los aires gracias al omnipresente Raphinha, autor del doblete en la semifinal, tras una espléndida apertura de Fermín López (36º).
Pero los catalanes vieron a los madrileños volver al marcador gracias al espectáculo individual de Vinicius, que jugó contra Koundé para marcar su primer gol (45+2º) en 16 partidos antes de tomar nuevamente la delantera gracias a Robert Lewandowski (45+4º). Y esta recuperación fue realmente loca ya que Gonzalo García volvió a igualar en un córner (45+6).
Kylian Mbappé entra al partido pero guarda silencio
Mientras los dos equipos luchaban bien, con muchos errores, Raphinha liberó a su equipo enviando al fondo de su portería un disparo desviado por Raùl Asencio (73º).
Para volver al marcador, Xabi Alonso probó su última carta. Al llegar a Arabia Saudita el viernes, cuando debía estar al margen durante tres semanas para descansar, Kylian Mbappé entró al partido en el minuto 76 en lugar de Gonzalo García, que corría mucho.
Pero el francés no pudo revertir la tendencia y no logró crear una oportunidad. A pesar de su buena recuperación defensiva al final del partido a los pies de Lamine Yamal y de una falta cometida que provocó la expulsión de Frenkie de Jong (90º), esto sigue siendo insuficiente. Y los madridistas no consiguieron remontar el marcador.