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CARTA DESDE ROMA

Desde el puente de los barcos que viajan desde Sicilia a los puertos de Lipari, Vulcano o Stromboli, podemos ver a menudo la silueta blanca o gris saltando sobre las crestas. Bienvenidos a las Islas Eolias, joyas del Mediterráneo, un paraíso para las cabras salvajes transformado, en los últimos años, en un infierno para sus habitantes. Los lugareños denuncian el comportamiento de estas bestias de largos cuernos, que pisotean jardines, devoran árboles frutales y en ocasiones entran en las casas. Las cabras se han multiplicado desde que, según informes, algunos animales escaparon de una granja hace unas tres décadas.

Dos islas del archipiélago volcánico se ven principalmente afectadas por esta proliferación de cabras: la legendaria Stromboli, inmortalizada por Roberto Rossellini y la menos conocida Alicudi, más al oeste, un peñón de cinco kilómetros cuadrados, poblado por un centenar de habitantes… y más de 800 cabras. “En Alicudi no hay caminos, sólo viejos caminos de mulas y escaleras, dice Irène Verlaque, autora de Pequeño atlas hedonista de Sicilia, que saldrá la próxima primavera en Editions du Chêne. Las cabras se encuentran encima del último pueblo y reinan como dueñas de este pequeño cono”.

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