Bennett Miller es, a sus 59 años, uno de los más grandes directores estadounidenses de los años 2000 y 2010 y el único de su generación que ofrece una filmografía tan escasa. Tres películas en diez años, tres éxitos: Truman Capote (2005), que reconstruyó el proceso penal que permitió al escritor escribir su famosa novela A sangre fría y que le valió a Philip Seymour Hoffman el Oscar al mejor actor; el estratega (2011), con Brad Pitt; cazador de zorros (2014), Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes, con Steve Carell y Channing Tatum. Pero desde hacía doce años, el nombre de Bennett Miller había desaparecido de las pantallas grandes. Un caso cuanto menos sorprendente, ya que el talento del director parecía no tener límites.
El estreno de su primera película el 4 de marzo, El crucero (El crucero), documental estrenado en Estados Unidos en 1998 pero inédito en Francia, además de satisfacer a sus admiradores, alimentará aún más el arrepentimiento. Porque resulta ser un gran documentalista. La cámara sigue a un guía sorprendente, Timothy “Speed” Levitch, que lleva a New por el lugar. York a los turistas, en el primer piso de un autobús de dos pisos. Cada turno se convierte en un verdadero espectáculo. Levitch conoce la ciudad al dedillo, hasta la casa del escritor más oscuro que jamás haya vivido en Greenwich Village. Cuenta todas las anécdotas, desde la adicción al alcohol de una persona hasta el intento de suicidio de otra. El hombre no es sólo un pozo de conocimiento. También es un maestro del fraseo, de ahí su apodo de “Velocidad”. (“rápido”), ligado a su sorprendente producción verbal.
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