El peligro se siente especialmente en París, donde más del 80% de los edificios residenciales privados tienen más de cien años. “El accidente de la calle Amelot es un caso muy atípico y la situación de los edificios parisinos ya no es preocupante, aunque la vigilancia sigue siendo esencial”, tranquiliza Jacques Baudrier, diputado (PCF) del alcalde de París encargado de la vivienda.