Fue valiente. El vicecanciller del SPD, Lars Klingbeil, tiende la mano a la Unión Reformista: ¡Los alemanes deberían trabajar más! A su partido, enamorado de la semana de cuatro días, no le gustará esto.
Y promete a sus compañeros adoptar duras medidas de austeridad. Klingbeil ya no quiere cubrir cada crisis con deuda pública adicional.
Ahora la Unión debe decidir si acogerá a Klingbeil y cómo.
El meollo de la disputa: ¿cómo financiar el alivio para las rentas medias prometido por la Unión y el SPD?
Klingbeil necesita aumentos de impuestos para los ricos, para el presupuesto estatal Y para su partido. De lo contrario, podría causarle problemas. Pero el presidente del CSU, Markus Söder, rechaza categóricamente cualquier aumento de impuestos.
Ahora es el turno del Canciller. Friedrich Merz debe reunir a sus dos socios de coalición. Y muy rápido. Alemania ya no puede esperar por reformas reales.