Hoy el martillo, hace años el P38. Visto todo antes. La guerra de guerrillas desatada por los antagonistas de Askatasuna, los ataques a los agentes, las afirmaciones parecen ser una historia ya leída que recuerda los años 1970, los años de plomo en los que en Italia las Brigadas Rojas, la Primera Línea y otros grupos insurreccionales organizaron su acción terrorista contra el Estado. Basta leer lo que Libero Mazza, entonces prefecto de Milán, escribió el 22 de diciembre de 1970 en un informe confidencial al ministro del Interior, Franco Restivo: “Unas veinte mil unidades realizan un trabajo fanático e intenso de propaganda y proselitismo y los servicios policiales son objeto de ataques llevados a cabo con extrema violencia, lo que demuestra la aversión irreductible hacia las fuerzas del orden y en general hacia todo el poder del Estado. Ser calificado de paramilitar: médico de guardia, enlace radial entre los diferentes grupos armados, servicio de interceptación de radiocomunicaciones policiales, cascos, barras de hierro, tirachinas para lanzar bolas de acero, mochilas con bombas molotov, pedernales, ladrillos, palos… Todos estos movimientos, en el nivel ideológico y en la metodología de intervención, tienen como objetivo derrocar las instituciones democráticas mediante la violencia organizada”. Desafortunadamente, poco ha cambiado. El lenguaje de quienes exigen una confrontación frontal en Turín es similar al de quienes, hoy como ayer, “luchan contra un gobierno autoritario, la represión científica y un discurso mediático criminalizador”. Palestina, Minneapolis, solidaridad con los detenidos, lamentablemente todo ya se ha visto y sentido. Incluyendo las distinciones, las convicciones, pero no demasiadas, el lugar correcto, el habitual centenar de infiltrados.
En diciembre de 1970, inmediatamente después del informe presentado por Mazza al Ministerio del Interior, Eugenio Scalfari, fundador de la Repubblica y entonces diputado socialista, formuló una pregunta parlamentaria en la que pedía la dimisión del prefecto: “Mazza es un imbécil que no entiende lo que está pasando o un partisano que no quiere entender…”. Entonces pasó lo que pasó.