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La escuelita sigue ahí, pero las vides han retrocedido. En Villeneuve, en Blayais (Gironda), las cicatrices son visibles. La de un accidente ocurrido hace más de diez años, que puso a la pequeña localidad en el punto de mira. Un día como hoy de mayo de 2014, en el patio, los alumnos y su profesor sufren dolores de cabeza y náuseas. Los castillos cercanos acaban de rociar con pesticidas los terrenos adyacentes al parque infantil. Los niños están bajo supervisión en el patio de recreo y su profesor está hospitalizado. “Los efectos conocidos de los fungicidas identificados concuerdan con los síntomas descritos”tenga en cuenta los servicios estatales.

Como revela la cartografía publicada el jueves 18 de diciembre por el mundo Según un colectivo de investigadores, una escuela de cada cuatro está sometida, como la de Villeneuve, a una fuerte “presión de pesticidas”. En Gironda, donde esta proporción aumenta a una escuela de cada tres, las escuelas en primera línea ya han sufrido las consecuencias. Y aprendí lecciones.

En Léognan, al sur de Burdeos, la proximidad entre los viñedos y el campo deportivo del grupo escolar Jean-Jaurès provocó un duro desacuerdo entre padres y viticultores hace unos diez años. En aquel momento, varios episodios cristalizaron las tensiones -la presencia de tractores en los viñedos el día de una feria, la dispersión de pesticidas por aviones autorizados por la prefectura, duramente contestados y luego cancelados- y el conflicto estalló.

“Omertá” y “denuncias”

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