Los derechos nunca se pierden repentinamente. Casi siempre es un proceso lento, gradual y reconocible que sigue patrones recurrentes. Esta guía de cinco pasos te ayudará a identificarlos: no porque sean inevitables, sino porque comprenderlos es la primera forma de combatirlos.
1. Encuentra un grupo de personas para atacar.
El primer paso es Identificar un grupo marginado, con poco poder social o político.. Se define por términos repetidos asociados a imágenes negativas, hasta el punto de vincularlo automáticamente con el peligro y el crimen. Palabras como “inmigrante” o “ciudadano no perteneciente a la UE”, que técnicamente podrían referirse a cualquier persona fuera de la UE, a menudo se reducen en el uso común a sinónimos de irregularidad o amenaza. Cuando un grupo se vuelve “peligroso”, deja de ser visto como plenamente humano y se vuelve más fácil aceptar prácticas de exclusión o violencia institucional.
2. Eliminar la primera línea de defensa.
Un grupo marginado rara vez es defendido espontáneamente por la mayoría: por lo tanto resulta crucial desacreditar a quienes lo apoyan. La palabra “activista” se va asociando paulatinamente a “subversivo”, “ilegal” o “cómplice”. En los últimos años, varias organizaciones involucradas en el rescate marítimo han sido objeto de investigaciones, incautaciones y demandas que duraron años. El caso de Sarah Mardini y Sean Binder, voluntarios acusados en Grecia y luego absueltos después de casi una década, es emblemático: el mensaje que se transmite es que ayudar implica un alto riesgo personal. Pero mientras tanto, el mensaje ha llegado: ayudar puede ser costoso. Y, de hecho, hoy en Grecia ya no hay ONG en el mar, sino sólo la guardia costera griega y Frontex, que llevan años realizando devoluciones ilegales en el mar Egeo. Reducir a los defensores y aislar a los vulnerables.
3. Aísla a las personas
La democracia vive de relaciones, lugares y asociaciones. En las últimas décadas, estos espacios se han reducido, reemplazados por lugares de consumo y formas de planificación urbana “defensiva” que desalientan estancias y reuniones. Al mismo tiempo, el debate público se ha trasladado a las redes sociales, donde Los algoritmos recompensan el compromiso emocional y amplifican la polarización.. La gente se encuentra así en burbujas de información separadas: menos confrontaciones reales, más divisiones. Y una sociedad dividida es más fácilmente manipulable.
4. Hacerlos más pobres (o más precarios)
La inseguridad económica fomenta la renuncia a derechos. Las desigualdades aumentan y quienes viven en la precariedad centran su energía y atención en su supervivencia diaria. Quienes luchan por llegar a fin de mes tienen menos tiempo y recursos para aprender, participar o movilizarse. En este contexto, la defensa de los derechos civiles –propios o ajenos– parece un lujo. Y La política del miedo encuentra un terreno fértil..
5. Cambiar las leyes y ofrecer la seguridad como solución
En este punto, el escenario está preparado: un grupo se percibe como peligroso, los defensores quedan deslegitimados y la sociedad queda aislada e insegura. La solución más sencilla para comunicarse es solo una: más seguridad. En los últimos años, muchos gobiernos europeos han aprobado medidas de seguridad que amplían los poderes de aplicación de la ley, introducen nuevos delitos o aumentan las penas. Estos cambios no se presentan como restricciones, sino como protección: más control para garantizar la seguridad, más herramientas para prevenir delitos. Inicialmente, muchos los perciben como un refuerzo positivo, porque no se sienten directamente involucrados. Por otra parte, “no hicieron nada malo”. Mientras tanto, las leyes cambian y, con menos voces críticas activas, La erosión de los derechos encuentra cada vez menos resistencia.. El mecanismo es simple: primero golpeamos a quienes tienen menos poder, luego se normaliza la excepción: ¿cuántas “emergencias” se han vuelto estructurales? – y eventualmente te acostumbras. Hasta que sea demasiado tarde.
¿Qué puedes hacer?
Reconocer el mecanismo ya es un primer paso. Entrena siempre tu pensamiento crítico. Lea diversas fuentes, elabore, compare con otros: no se encierre en su propio jardín, permanezca siempre abierto a la comparación. Apoyar la información independiente. Sin pluralismo mediático, el debate se empobrece. El acceso a voces críticas es una garantía democrática. Apoye una causa que le importe, incluso si no le concierne personalmente. Ya sea una asociación, un comité vecinal, un sindicato o una reunión pública, súmate, participa, haz una donación. Sólo estando unidos las cosas pueden cambiar. Porque los derechos no se pierden de golpe, sino que se erosionan primero en los márgenes y luego, sin que nos demos cuenta, hasta el centro.
El artículo Cómo perder tus derechos en 5 sencillos pasos sin darte cuenta apareció primero en L’INDIPENDENTE.