En un contexto de grave crisis estructural para las empresas y los trabajadores, las aportaciones públicas han permitido a las empresas editoriales seguir produciendo y difundiendo información de calidad y afrontando los retos de la tecnología digital y la inteligencia artificial.
Los editores del FIEG, a pesar de la reducción de la media de ejemplares diarios vendidos de 2.500.000 en diciembre de 2016 a poco más de 1.000.000 hoy y de la reducción a la mitad de sus ingresos en la última década, han utilizado enormes recursos propios para garantizar el pluralismo de la información, las inversiones en productos y, sobre todo, la protección de los puestos de trabajo, permitiendo al sector ser uno de los pocos en Italia donde no hay despidos colectivos.
De hecho, se han podido evitar despidos sin invocar privilegios, sino mediante el uso de regulaciones sectoriales -que requieren tanto inversiones importantes como nuevas contrataciones- y esto siempre ha ocurrido con el acuerdo del sindicato. La financiación para la jubilación anticipada no la “reciben” las empresas, sino que financia directamente el acceso a la jubilación anticipada de los periodistas.
La situación se ha agravado con la competencia de contenidos gratuitos distribuidos por plataformas digitales y redes sociales que, sin tener la responsabilidad y los costes de los editores, hacen que cada vez más usuarios reciban información, a menudo de dudosa calidad, sin acceder directamente a los sitios editoriales, provocando una disminución de la base de usuarios y de los ingresos publicitarios. E incluso en este caso se siguió el camino de la responsabilidad, evitando intervenciones drásticas en los niveles de empleo.
A pesar de las graves dificultades del sector, que ciertamente no son imputables a los editores, dada la presencia de los mismos problemas críticos en otros países, nos encontramos ante un sindicato que no ha mostrado ninguna voluntad de sentarse a la mesa para asumir el desafío de modernizar el contrato laboral nacional, prefiriendo refugiarse en las reivindicaciones económicas para recuperar la inflación ya garantizada por los mecanismos automáticos de remuneración del contrato.