don estos días en Berlín nos sorprenden las paradojas que atraviesan algunos debates de política económica. Si bien el discurso oficial reitera la importancia de profundizar el mercado único europeo y fortalecer la soberanía económica del continente frente a Estados Unidos y China, la realidad política cuenta una historia completamente diferente. La oposición del gobierno alemán al intento de adquisición del Commerzbank, el segundo banco más grande del país, por parte del italiano UniCredit, que pretende convertirlo en una importante institución europea, es en este sentido un caso de libro de texto.
Recordemos los hechos. En septiembre de 2024, aprovechando la venta por parte del Estado alemán de una parte de su participación en el Commerzbank, heredada de la crisis financiera de 2007-2008, UniCredit adquirió rápidamente una participación en el segundo banco de Alemania. En pocos días, el banco lombardo adquirió una participación de más del 20%, convirtiéndose en su mayor accionista. Sorprendido por esta maniobra espontánea, el gobierno alemán se opuso firmemente al cambio de dirección, apoyando políticamente la estrategia independentista defendida por el Commerzbank y los sindicatos.
Desde entonces, la jefa del conjunto alemán, Bettina Orlopp, ha puesto toda su energía en contrarrestar la ofensiva. Además de un programa de recompra de acciones y una generosa política de dividendos, no dudó en eliminar 3.900 puestos de trabajo para mejorar la rentabilidad del banco. La cotización de las acciones del Commerzbank, que llevaba mucho tiempo estancada, se recuperó considerablemente. Andrea Orcel, director general de UniCredit, ha ido consolidando progresivamente su cuota, que ya se acerca al 30%. El 16 de marzo, desempeñó un nuevo papel al presentar una oferta de compra voluntaria a los accionistas. Esto fue recibido una vez más con entusiasmo por la dirección del banco, así como por Berlín, que mantiene su oposición.
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