Hay una historia fascinante detrás del álbum en vivo de Pink Floyd Live from the Los Angeles Sports Arena 1975 que se lanzará en cuatro vinilos con motivo del Record Store Day el 18 de abril. Y no, esta no es la historia “habitual” de excesos, alucinaciones o discusiones que acompañaron muchas giras de bandas de rock en los años 70. En efecto, en abril de 1975, la llegada de la gira Wish You Were Here de Pink Floyd al Sports Arena de Los Ángeles alteró el orden público, ya que al menos 350 espectadores habían sido detenidos durante los primeros conciertos, casi todos por posesión de marihuana o drogas duras o por alcoholismo, fanfarronería o resistencia a un funcionario público. La mayoría eran menores de 18 años porque, bueno sí, hoy si eres menor escuchas trap pero en su momento escuchabas Pink Floyd. De todos modos, esa no es la cuestión. El caso es que las 16 canciones de este álbum en directo fueron grabadas por un espectador que luego se describió como un “contrabandista”, es decir alguien que grabó un concierto de forma “pirata”, sin el consentimiento del artista. Una práctica que estuvo de moda durante tres décadas hasta principios de los años 1990.
El contrabandista que más tarde se hizo legendario fue Mike Millard. Entró al Los Angeles Sports Arena en silla de ruedas, haciéndose pasar por discapacitado y escondiendo una grabadora Nakamichi 550, dos micrófonos Akg 451E y baterías de repuesto. Una grabación pirata profesional. Y de hecho, el sonido de este “pirata” fue tan espectacular que los casetes circularon durante décadas entre los entusiastas y en Sony, que el año pasado compró el catálogo de la banda y lo incluyó en la próxima caja del 50 aniversario del álbum. Sin embargo, durante el Record Store Day se lanzará una versión “aislada” del resto, es decir en vinilo exclusivo. Esta es sin duda la manera perfecta de escuchar Pink Floyd de 1975.
Esta grabación también tiene especial significado porque fue remasterizada por Steven Wilson de Porcupine Tree, también productor de canciones de King Crimson y Yes. En definitiva, una bendición para los aficionados pero también para todo aquel que quiera respirar lo que significó crear música en vivo sin más barrera que la creatividad.