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Y En este mundo de completo abandono, ¿todavía tenemos figuras que puedan actuar como brújula y ayudarnos a orientarnos? Me parece que dos figuras importantes de la vida política e intelectual europea, recientemente fallecidas, pueden afirmarlo y sus enseñanzas pueden servirnos de guía.

Lionel Jospin, primer ministro francés entre 1997 y 2002, es la figura de la seriedad en la política. Demostró que es posible construir una mayoría que reúna a todos los componentes de la izquierda e implementar medidas que mejoren significativamente la vida de nuestros conciudadanos (cobertura sanitaria universal, 35 horas, uniones civiles, etc.). Sin embargo, la lección más importante que debemos extraer de este período se refiere a las elecciones de 2002: la abstención fue dramática y la dispersión de votos y candidatos fatal para la izquierda. No debemos olvidar esto.

Ésta es otra lección que nos dejó Jürgen Habermas (1929-2026), fallecido el 14 de marzo. Se trata, ante todo, del lugar de la tecnología. Desde sus primeros trabajos, el filósofo ha demostrado que la ciencia y la tecnología se han convertido en grandes fuerzas productivas cuyo desarrollo ya no está guiado por la discusión o la deliberación sino que, por el contrario, requiere la “despolitización” de la gran mayoría de la población. La solución de los problemas técnicos escapa a la discusión pública y deja así el camino abierto a los expertos y propietarios de los medios de producción.

Por tanto, es importante reconstruir y mantener vivo un espacio público donde se debaten cuestiones científicas y técnicas y donde la cuestión de los fines es central: ¿para qué sirve esta técnica? ¿Mejorará o no las condiciones de vida del mayor número de personas posible? La eficiencia, en cualquier caso el aumento de la productividad o el crecimiento, no puede ser el único criterio para la toma de decisiones, como tampoco lo puede ser el beneficio. Hoy, ya sea en el lugar de la inteligencia artificial, de la energía, de la alimentación o de las opciones industriales, la necesidad de involucrar a la población y garantizar que los propietarios de los medios de producción o el Estado no impongan sus decisiones nunca ha sido mayor.

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