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PAGPara celebrar el nuevo año, la semana pasada dedicamos esta columna al mayor depredador conocido en el mundo animal: el hombre. Las semanas se suceden y son parecidas: es de otro genio social, también formidable cazador y, como nosotros, presente en casi toda la superficie del globo, del que hablaremos hoy, la hormiga.

Y no una hormiga cualquiera: Solenopsis invicta, mejor conocida por el lindo nombre de “hormiga de fuego”. Dicho fuego no se refiere a las llamas con las que puede jugar, aunque la criatura exhibe una extraordinaria resistencia, al frío y al calor, a la sequía y a las inundaciones. Ni el color crepitante de su abdomen. Este fuego corresponde, como habrás comprendido, al dolor agudo que acompaña a sus picaduras, y especialmente a sus venenosos aguijones (sí, pica). Excepto en casos raros de shocks alérgicos, los humanos escapan con el equivalente a unas pocas quemaduras. Sin embargo, allí suelen morir pequeños roedores o pájaros.

Baste decir que cuando hace tres años, durante el invierno de 2022-2023, se descubrieron en Sicilia 88 nidos de esta especie, originaria de América del Sur pero ya bien arraigada en América del Norte, el sur de Asia y Australia, toda Europa empezó a temblar.

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