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(Adnkronos) – Gobernar la aceleración tecnológica en un mundo donde la innovación reduce los tiempos de toma de decisiones y modifica continuamente las reglas de la competencia. Éste es el desafío que enfrentan hoy las empresas, las instituciones y los líderes económicos.

A partir de esta reflexión, Pietro Labriola, director general de Tim, pronunció una lectio magistralis titulada “Cuando el pasado ya no guía, es necesario velocidad, concentración, acción”, organizada por la Academia Spes y presentada por Valerio De Luca, director de la Academia y fundador de ConnectED Mind, con la moderación del subdirector de Adnkronos Giorgio Rutelli.

El encuentro tuvo lugar en la Embajada de Brasil en Italia y su “anfitrión”, el embajador Renato Mosca, destacó el vínculo entre innovación tecnológica, liderazgo industrial y cooperación internacional.

Durante el encuentro, Labriola ofreció una amplia reflexión sobre la transformación de las empresas en la era de la IA y las infraestructuras digitales, a partir de una observación simple pero radical: el mundo gira a una velocidad que hace que las categorías del pasado sean cada vez menos útiles.

Para explicar el cambio en marcha, Labriola recordó un hecho ya emblemático: el tiempo que tardan las tecnologías en llegar a los cien millones de usuarios. El teléfono tardó unos 75 años. Facebook siete. TikTok dos. Chatgpt menos de seis meses. Esta aceleración – observó – no concierne sólo a las plataformas digitales sino a todo el sistema económico. El ciclo de vida de los productos y las habilidades se ha acortado dramáticamente y lo que antes tomaba una generación ahora puede suceder en el espacio de una temporada.

En este contexto, el verdadero desafío ya no es sólo innovar sino adaptarse en tiempo real. Las organizaciones ya no pueden leer el futuro con las herramientas del pasado ni permanecer ancladas a modelos consolidados. Según Labriola, esto significa sobre todo ir más allá de los dogmas que han guiado las estrategias industriales durante décadas.

Uno de los ejemplos más obvios de esta lógica fue la decisión de separar la red del resto de las actividades de Tim. Durante años, la empresa operó como un operador integrado verticalmente, construyendo y administrando la red y vendiendo servicios directamente a los clientes. Pero una vez que llegó a la cabeza del grupo, Labriola decidió cuestionar este modelo.

La venta de NetCo – explicó – permitió reducir la deuda y hacer más transparente la valoración de los activos, al tiempo que permitió a la empresa centrarse en los servicios digitales, la nube, la ciberseguridad y la innovación. Al principio, la elección encontró resistencia, pero para Labriola, cambiar el paradigma significa precisamente esto: aceptar el riesgo de decisiones impopulares para construir una estrategia sostenible a largo plazo. Otra decisión importante concierne a Brasil.

Cuando Labriola asumió como director general, muchos propusieron vender Tim Brasil para reducir la deuda. Pero la elección fue la contraria: mantener y fortalecer el activo, considerado estratégico para generar valor en el largo plazo. Las inversiones de red específicas, la disciplina de costos y la adquisición de los activos móviles de Oi le han permitido fortalecer su posición competitiva en el mercado brasileño, convirtiendo a Tim Brasil en uno de los activos más rentables del grupo. “El futuro no se construye vendiendo las mejores piezas”, resumió Labriola. “Se construye reorganizando lo que no funciona y protegiendo lo que crea valor. »

Uno de los pasajes centrales de la lectio se refería a la relación cada vez más estrecha entre la infraestructura digital y la seguridad nacional. En el nuevo escenario global, explicó Labriola, las telecomunicaciones y la seguridad ya no pueden considerarse campos separados. Las redes no sólo deben funcionar, sino que deben diseñarse desde cero para que sean resilientes, seguras y confiables, incluso en contextos de crisis o tensión sistémica. “El desafío de hoy es combinar telecomunicaciones y seguridad en una sola visión”, subrayó.

En este contexto, la calidad de las conexiones se convierte en un factor estratégico: la reducción de la latencia, la estabilidad de la red, la capacidad de transmisión de datos y la proximidad al Edge Computing son elementos decisivos para hacer posibles nuevas aplicaciones industriales y servicios digitales avanzados.

Y hay una cadena tecnológica que no se puede romper: sin redes la nube no existe, sin la nube la inteligencia artificial no tiene terreno sobre el que desarrollarse, sin resiliencia digital todo el sistema no puede sostenerse.

El tema de la seguridad está inevitablemente vinculado al de la soberanía digital. Para Labriola, sin embargo, la soberanía no debe interpretarse como un eslogan político o un cierre a la innovación global. Más bien, es un marco que permite a los gobiernos y las empresas mantener el control sobre elementos críticos del sistema digital: datos, procesos comerciales y tecnologías. En particular, la soberanía digital se puede interpretar en tres niveles:

Soberanía de los datos, es decir, control sobre dónde residen y quién puede acceder a ellos.

soberanía operativa, la capacidad de gobernar servicios y procesos críticos

soberanía tecnológica, control de las tecnologías y opciones de desarrollo.

No todas las organizaciones necesitan alcanzar el mismo nivel de control, pero cada una debe definir conscientemente su propio equilibrio entre apertura e independencia.

En este escenario, aclaró Labriola, la colaboración con los grandes actores globales sigue siendo fundamental. Tim continúa trabajando con empresas como Microsoft y Google en modelos de múltiples nubes, integrando plataformas tecnológicas globales con infraestructura y experiencia locales. La condición, sin embargo, es clara: la tecnología debe adaptarse al contexto en el que opera y no al revés. La cuestión central no es elegir entre lo global y lo local, sino determinar quién gobierna el sistema.

Durante el encuentro, Valerio De Luca amplió la reflexión vinculando los temas de la lectio al trabajo de la Academia Spes y al proyecto ConnectED Mind. En el centro de su análisis está el concepto de un ecosistema híbrido humano-IA, en el que la educación avanzada, la tecnología y la consultoría estratégica se integran para fortalecer la seguridad cognitiva y la competitividad del sistema nacional. Según De Luca, la inteligencia artificial da un salto cualitativo: entra directamente en el ciclo de toma de decisiones como un agente autónomo. Por eso el verdadero desafío del liderazgo no es simplemente implementar nuevas tecnologías, sino gobernarlas, manteniendo un control humano eficaz y responsable sobre los procesos de toma de decisiones.

En los tramos finales de la lectio, Labriola volvió a uno de los principios que guía su visión empresarial: la inacción no es una opción. El mundo está cambiando demasiado rápido para que las empresas y las instituciones se sienten y discutan principios. La verdadera cuestión ya no es si emprender ciertas transformaciones y cómo hacerlo, sino con qué rapidez actuar. No se trata necesariamente de ser primero, concluyó Labriola. Pero llega a tiempo. Porque en un mundo donde la tecnología se acelera continuamente, el mayor riesgo no es tomar una mala decisión: llega demasiado tarde.

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