La puerta de entrada de una escuela judía de Ámsterdam, ennegrecida por la explosión de una bomba, es la última señal de un nuevo aumento de las tensiones en el corazón de Europa. Primero la explosión frente a una sinagoga en Lieja, luego el incendio de otro lugar de culto judío en Rotterdam y, veinticuatro horas después, el ataque al instituto en el sur de la capital holandesa: la secuencia de tensos episodios entre Bélgica y los Países Bajos ha vuelto a poner en primer plano la alarma antisemita, alimentando los temores de posibles acciones inspiradas o apoyadas por grupos vinculados al régimen iraní y provocando una dura reacción por parte del gobierno de Benjamín Netanyahu. “Una epidemia de antisemitismo hace estragos en los Países Bajos”, denunció en X el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, invitando a La Haya a “hacer mucho más” y preguntándose “dónde se producirá el próximo ataque”. “El odio contra los judíos no tiene cabida en los Países Bajos”, reiteró el nuevo primer ministro Rob Jetten, calificando la violencia de “terrible” y anunciando una próxima reunión con representantes de la comunidad judía. Una línea apoyada también por su Ministro de Justicia, David van Weel, quien – aunque reconoce un fenómeno “claramente” en crecimiento – rechazó la interpretación israelí, subrayando el compromiso de “garantizar la seguridad de las instituciones y de los ciudadanos judíos”.
El último episodio, ocurrido cuando se acercaba Shabat y como los demás al amanecer, ocurrió en el distrito Buitenveldert de Ámsterdam. Según las primeras reconstrucciones policiales, dos personas – ahora buscadas – llegaron al lugar en un scooter: uno se bajó del vehículo, colocó la bomba contra la pared de la escuela y luego huyó con su cómplice antes de la explosión, que no causó heridos. El movimiento islámico de compañeros de derecha se hizo cargo del ataque publicando un vídeo en Internet: el mismo grupo ya había sido vinculado a la explosión en Rotterdam, por la que fueron detenidos cuatro jóvenes de entre 17 y 19 años.
Los dos episodios, en palabras del Ministro van Weel, “presentan patrones muy similares” y “no podemos excluir que puedan estar relacionados”. El hilo conductor sigue siendo la renovada preocupación de la comunidad judía, acompañada de una fuerte condena política. “Una escuela debe ser un lugar donde los niños puedan estudiar con total seguridad”, observó la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, anteriormente blanco de la extrema derecha de Geert Wilders por autorizar manifestaciones pro-Pal y por enfrentamientos entre partidarios del Ajax y del Maccabi Tel Aviv, y la primera en anunciar la explosión, calificándola de “acto de agresión cobarde”. El gobierno holandés está evaluando actualmente posibles medidas para evitar nuevos ataques, en coordinación con los alcaldes, la policía y los fiscales. Un esfuerzo elogiado por el embajador estadounidense Joseph Popolo: “La violencia antisemita – subrayó – debería escandalizar a todos”.
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