El Consejo de Paz de Trump no es un organismo adicional inofensivo: es un ataque a las Naciones Unidas. Alemania no está allí. Hay buenas razones para ello.
Donald Trump está interpretando la idea de un consejo de paz como contramodelo de lo que considera una ONU disfuncional. Sin embargo, lo que se vende como una promesa de eficiencia equivale a un debilitamiento deliberado de la institución que, a pesar de todas sus deficiencias, todavía tiene la mayor legitimidad global.
La seguridad no es el foco del Consejo de Paz
En las ideas del comité esbozadas hasta ahora, el foco no está en la seguridad colectiva, sino más bien en la proximidad al poder.
Las altas barreras financieras a la participación privilegiada –cuya forma específica está sujeta a la especulación pública– convertirían efectivamente a los Estados en partes interesadas en una plataforma controlada por Estados Unidos, y no en actores iguales en una arquitectura de paz común. La multilateralidad no sería renovada, sino más bien reemplazada selectivamente.
Mundo multipolar… ¿o orden centrado en Trump?
El debate se produce durante una fase de cambios de poder acelerados. El mundo ya avanza hacia un orden multipolar en el que Estados Unidos, China, la UE, India y otros actores luchan por la influencia.
Una respuesta responsable a todo esto sería una reforma más inclusiva de las Naciones Unidas. El enfoque de Trump va en la dirección opuesta: profundiza las divisiones entre un pequeño círculo de personas privilegiadas y el resto del mundo.
El efecto de señalización política de la posible participación de actores geopolíticamente controvertidos sin una condicionalidad jurídica internacional clara es particularmente problemático. Quien habla de “paz” pero al mismo tiempo relativiza principios como la integridad territorial o la responsabilidad, normaliza la política de poder en detrimento de la ley.
Esto no sólo socava la credibilidad de Occidente, sino también la sustancia normativa del orden internacional.
¿Debería Alemania estar en el Consejo de Paz de Trump? Entonces existe el riesgo de una contradicción estratégica.
Tratar con formatos paralelos de este tipo será una prueba para Europa. La bien conocida voluntad de Trump de forzar la lealtad política mediante la presión sobre la política comercial –por ejemplo, amenazando con aranceles punitivos a los productos europeos– muestra con qué rapidez los supuestos formatos de seguridad pueden convertirse en herramientas de chantaje económico. Las consideraciones individuales de los Estados y las “revisiones” vacilantes debilitan a la UE como actor político.
Alemania en particular, donde la prosperidad y la seguridad dependen en gran medida de mercados abiertos y reglas confiables, se encontraría en una contradicción estratégica si participara en un comité selectivo y personalizado.
En un orden mundial estable y basado en reglas, los riesgos arancelarios de corto plazo no deben prevalecer sobre los intereses de largo plazo.
Desde una perspectiva europea, tres líneas son cruciales
Las experiencias del primer mandato de Trump son claras: la fuerza presentada simbólicamente llama la atención, pero a largo plazo socava la confianza y la estabilidad. Los acuerdos comerciales no sustituyen a las instituciones resilientes.
La situación es similar para las etapas secundarias de la política de seguridad. Quienes resuelven conflictos a través de formatos exclusivos también reducen la voluntad de invertir en procesos multilaterales laboriosos pero necesarios.
El Consejo de Paz de Trump no es una herramienta para garantizar la paz, sino el síntoma de una tendencia más profunda
En lugar de marginar aún más a las Naciones Unidas, se necesitaría una agenda de reformas seria: un ajuste de las estructuras del Consejo de Seguridad, más voz para el Sur Global y mecanismos de prevención de conflictos más vinculantes.
Sin embargo, un consejo de paz paralelo lograría una cosa por encima de todo: fragmentar aún más el mundo en círculos de amigos, rivales tolerados y excluidos.
Desde el punto de vista europeo, tres líneas son cruciales:
1. No participar en comités cuyo gobierno atente contra los principios fundamentales de legalidad y responsabilidad.
2. Fortalecer activamente a las Naciones Unidas a través de propuestas de reforma concretas.
3. Un diálogo de seguridad transatlántico que priorice las reglas de largo plazo sobre los acuerdos de corto plazo.
El Consejo de Paz de Trump no es tanto una herramienta para garantizar la paz mundial como un síntoma de una tendencia más profunda: el regreso a caminos especiales basados en el poder.
Es precisamente esta evolución la que los actores responsables en Europa, Estados Unidos y Asia deberían contrarrestar resueltamente.
El Dr. Berthold Kuhn es un politólogo con un doctorado en Leipzig y una habilitación en Berlín. Asesora a organizaciones internacionales y think tanks sobre desarrollo sostenible. Es parte de nuestro Club EXPERTOS. El contenido representa su opinión personal basada en su experiencia individual.