Es el primer órgano en formarse y el último en detenerse: late unas 100.000 veces al día, bombeando 7.500 litros de sangre, a lo largo de toda una vida hay 2.500 millones de latidos y la cantidad de sangre bombeada podría llenar 90 piscinas olímpicas. Esta evidencia sería suficiente para recordarnos que el corazón es el verdadero motor de nuestra existencia, no sólo desde el punto de vista biológico sino también emocional: ¿quién no ha experimentado nunca la sensación de tener “el corazón en la garganta” cuando se enamora? He aquí por qué Massimo Massettirenombrado cirujano cardíaco del Policlínico Gemelli de Roma con 6.000 procedimientos quirúrgicos en su haber, y Alfonso Dell’Erarioperiodista destacado en el mundo de la economía y los asuntos sociales, no pudo encontrar un título más apropiado – “Su Majestad el Corazón” (editorial de El Cairo) – para el libro que coescribieron y que ahora está disponible en las librerías.
Este libro no es sólo un ensayo, ni un simple manual valioso con “how to” y varios consejos prácticos, sino que sobre todo es un viaje fascinante, casi una novela, entre la ciencia, la historia y la experiencia clínica para comprender cómo funciona el corazón, por qué enferma y cómo podemos protegerlo. Pero también para descubrir algo fundamental: que las emociones están indisolublemente ligadas a nuestra salud y que la felicidad es una droga que salva vidas.
Que el corazón es el órgano más importante de todos estaba claro -como nos cuentan ambos autores- ya en las civilizaciones más antiguas: desde los egipcios hasta los griegos y romanos hasta el Renacimiento, cuando las teorías de Galeno empezaron a quedar obsoletas y Leonardo lo retrató en numerosos dibujos. Luego, en los últimos cincuenta años, llegó la revolución: comenzó con los infartos donde “por primera vez ya no tratamos los síntomas, sino la causa”, así como la hipertensión y la insuficiencia cardíaca, donde la llegada de nuevos medicamentos marcó un punto de inflexión. Pero “si los años 80 de la farmacología fueron el triunfo de la química – se lee en el libro – la década siguiente vio el auge de la física y la hidráulica aplicadas a la biología”: aquí el punto de inflexión se produjo gracias a los stents o a técnicas como el TAVI (implantación transcatéter de la válvula aórtica) que apuntan a un verdadero cambio de paradigma, es decir, el de “reparar el motor sin abrir el capó”. Revoluciones que también cambian la piel del cirujano cardíaco que, en los años 1990, era considerado un “semidiós” capaz de “parar el corazón, abrirlo, repararlo y reiniciarlo”, pero que ahora se vuelve más refinado con la entrada en la era de la microtecnología y la cirugía robótica. El futuro nos muestra una frontera aún más ambiciosa: “No reparar el daño, sino repararlo genéticamente”. Porque como explica esta bella obra, la epopeya de la medicina cardiovascular es también “la historia de hombres y mujeres que aún no aceptaron que el corazón, motor de la vida, era un misterio intocable y decidieron aprender a repararlo mientras seguía latiendo”.
Esta larga y apasionante historia se enriquece también con los encuentros especiales de Massetti con pacientes que cambiaron su vida profesional desde que era un joven residente en Francia: desde Ismail, 27 años, hasta Luisa, 97. Experiencias que llevaron al médico a reflexionar sobre el modo de cuidar, en el que la atención debe pasar de la enfermedad individual a la persona en su conjunto, también porque cuidar al paciente – y no sólo a la patología – es la verdadera clave para superar la crisis actual en el Servicio de Salud. Sin olvidar nunca el papel de las emociones y los sentimientos porque el corazón envejece “cuando perdemos la capacidad de alegrarnos, de reír y de vivir plenamente”.
“Puse mi experiencia en este libro. En cuarenta años de experiencia y de encuentros con numerosos pacientes, comprendí que si estas personas, antes de enfermar, hubieran conocido los pocos secretos que esconde el corazón, muy probablemente habrían evitado enfermar. Por eso decidí escribir la historia de este órgano al que debemos el mayor respeto porque es el órgano de la vida”, advierte Massetti, que también evoca la necesidad de una nueva organización de los cuidados. Un punto en el que también insiste Dell’Erario: “Si queremos salvar el Servicio Nacional de Salud, que es un patrimonio tan precioso y una salvaguarda de la democracia, debemos cambiar el paradigma de la atención: debemos cuidar de la persona y no de la patología. Hoy en día, todo se centra en un servicio único y es más bien necesario diseñar un curso de tratamiento en torno al paciente.