Desde hace años, en Milán pero no sóloLos contenedores amarillos de Cáritas Ambrosiana representaron mucho más que un gesto de solidaridad. Eran (y siguen siendo) el único canal oficial para la eliminación de ropa usada, que no se puede tirar junto con la basura sin clasificar. Quienes no revenden en plataformas online o no acuden al mercado de segunda mano, confían allí su ropa desechada, convencidos de que están haciendo lo correcto para el medio ambiente y la sociedad. Pero hoy este sistema ha entrado en crisis: acaban en la basura cada vez más artículos de moda rápida, Barato y de mala calidad desde el nacimiento.imposible reutilizar o reciclar. Un cambio silencioso que pone de rodillas a uno de los modelos de economía solidaria más virtuosos de nuestro país. decir que es Repúblicaque reconstruye cómo el gran comercio solidario de ropa usada, otrora modelo virtuoso, fue superado por la explosión de la moda rápida y sus efectos secundarios.
El modelo que funcionó
Hace unos años, el mecanismo estaba bien establecido. Los milaneses repartían ropa usada por todas partes 950 contenedores repartidos por la ciudad y provincia. Parte de ella estaba destinada directamente a guardarropas parroquiales vestir a los más pobres; otro, más sustancial, fue seleccionado, transformado y revendido o transformado en material textil para ropa nueva. El resultado fue triple: reducción del desperdicio, empleo para personas desfavorecidas y ganancias reinvertidas en la sociedad. Este sistema garantizaba el equilibrio económico y la sostenibilidad. Sólo una pequeña parte de los materiales recogidos acabó en los vertederos.
El efecto dominó de la moda rápida
Hoy, el escenario ha cambiado drásticamente. Segundo Massimo Lovattipresidente de Vesti Solidale – la cooperativa que gestiona la recogida y el reciclaje en Milán y su provincia – la causa principal es la invasión de ropa de muy bajo coste y mala calidad. Ropa sintética desechable con ciclos de vida muy cortos. “Es este hábito que tenemos Se ha interrumpido el funcionamiento del sistema de recogida y reciclaje de ropa.“, explica Lovatti. Vaqueros rotos, ropa interior sintética estropeada, trapos de cocina, prendas de polipiel: materiales que no se pueden reutilizar ni reciclar y que aún así acaban en los contenedores amarillos.
Del recurso al costo
La paradoja es que, en un intento por reducir el impacto ambiental, la Unión Europea ha impuesto la recogida selectiva de textiles, prohibiendo su eliminación con residuos indiferenciados. Una medida acertada desde el punto de vista medioambiental, pero que ha trasladado el problema a la realidad de las organizaciones sin ánimo de lucro. “Lo que no es reutilizable, debemos tirarlo como cualquier otro residuo. »subraya Lovatti. “Pero para nosotros esto representa un costo que nadie cubre, incluso si brindamos un servicio ambiental”. Los números cuentan la historia de la crisis: sy antes sólo el 5% de los materiales acababan en los vertederos, hoy esta proporción alcanza al menos el 35-40%. Y casi ninguno de estos excedentes puede transformarse en nuevas fibras.
El riesgo de cierre
El golpe más duro se refiere el Centro Textil RhoInaugurado hace sólo dos años, se ha convertido en el mayor centro de reciclaje textil del norte de Italia. Allí trabajan 120 trabajadores, más de la mitad de ellos en condiciones frágiles. Todos los días llegan camiones desde más de 950 contenedores a la región. Pero el equilibrio económico ya no se mantiene. En 2024, la recaudación aumentó un 15%, hasta alcanzar las 7.500 toneladas con un valor que ronda los 2 millones de euros. Sin embargo, los ingresos cayeron un 7% respecto a 2023. No más material, no más costes, cero beneficios. Y no hay recursos para destinar a proyectos sociales.
El llamado a las instituciones
Lovatti habla abiertamente de la crisis estructural de todo el sector, no sólo de Milán. E indica dos posibles resultados. El primero es legislativo: obligar a los productores de moda rápida a asumir los costes de eliminación, como ya ocurre con la electrónica. Europa ha fijado el plazo para 2028, pero para muchas cooperativas esta fecha está demasiado lejana. El segundo es más inmediato: el reconocimiento financiero de los Municipios por el servicio ambiental prestado. “Una forma de sobrevivir sería que el municipio nos compensara por la recogida y selección de materiales”, concluye Lovatti. “TIENEDe lo contrario, existe el riesgo de cerrar. »