Ormuz ya no es suficiente. En la nueva fase de tensión con Estados Unidos, Irán desvía su mirada más hacia el sur e indica otro punto sensible de las rutas globales a bloquear: el estrecho de Bab al-Mandeb. La advertencia proviene de Ali Akbar Velayati, asesor del Líder Supremo Mojtaba Jamenei. Si Washington “repitiera sus errores”, esta etapa también podría volverse inestable. Tras haber ejercido ya presión sobre el Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo, Teherán insinúa que también puede afectar a un segundo centro global, decisivo para el comercio y el petróleo.
¿Dónde está Bab al-Mandeb y por qué es importante?
Bab al-Mandeb es menos conocida, pero no menos importante. Es el estrecho que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén, entre Yemen y el Cuerno de África.
Todos los barcos que pasan por el Canal de Suez y se dirigen a Asia o regresan a Europa deben pasar por él. Alrededor del 12% del comercio mundial pasa por esta zona marítima. Por él pasan cada día más de cuatro millones de barriles de petróleo. Bloquearlo no significa sólo ralentizar los barcos. Esto significa cambiar rutas globales, ampliar plazos y aumentar costos. Y sobre todo aumentar el precio de la energía.
La cuestión de Yemen y el papel de los hutíes
Hay un punto clave: Irán no está descuidando directamente a Bab al-Mandeb. Yemen controla esta zona. Y aquí es donde entra en juego el vínculo con los hutíes, el movimiento armado apoyado por Teherán. En los últimos años ya han atacado barcos en el Mar Rojo y lanzado misiles hacia Israel. Si la amenaza se hiciera operativa, difícilmente pasaría por un bloqueo “formal”. Lo más probable es un escenario de ataques selectivos a las rutas comerciales, como ya se vio durante la guerra en Gaza entre 2023 y 2024.
Los peligros de la energía europea
Pero no se trata sólo de Bab al-Mandeb. Esta es la combinación. El Estrecho de Ormuz procesa alrededor de 20 millones de barriles al día. Bab al-Mandeb es un camino complementario pero fundamental. Si ambos se vieran afectados, el sistema energético global quedaría sin margen. Las primeras consecuencias serían inmediatas: subida del precio del petróleo (los analistas hablan de 120-150 dólares por barril, con escenarios aún más elevados); aumento de los precios del combustible y del transporte; desaceleraciones en las cadenas de suministro. El resto vendrá después: inflación, presión sobre las economías europeas, tensiones en los mercados. “El flujo global de energía y comercio puede verse interrumpido con un solo movimiento”, escribió Velayati. Esto no es una predicción, es una advertencia. Actualmente, el estrecho de Bab al-Mandeb no está cerrado. Los barcos siguen pasando. Pero está firmemente en el mapa de riesgo global.
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