El segundo día del incidente de pruebas sobre el asesinato de Abderrahim Mansouri — el hombre de veintiocho años asesinado el 26 de enero en la arboleda de Rogoredo — era considerado el protagonista Carmelo Cinturrino. El subdirector de la comisaría de Mecenate, detenido por homicidio doloso, ocupó el escenario durante unos 45 minutos con declaraciones espontáneas a puerta cerrada en la sala del tribunal de Milán. El policía comenzó expresando un pesar que vincula la suerte de la víctima con la suya: “Lamento muchísimo el final que tuvo este chico y el final que tuve yo”.
La línea de defensa
A través de sus abogados, Marco Bianucci y Davide Giuseppe Giugno, el sospechoso propuso una reconstrucción alternativa destinada a desmantelar los testimonios de la fiscalía.
Cinturrino “rechazó enérgicamente todas las acusaciones”, negando categóricamente haber recurrido a la violencia o haber amenazado de muerte. En particular, precisó el uso del martillo con el que fue acusado: no un arma para golpear, sino una herramienta utilizada “principalmente para cavar, para buscar estupefacientes en la actividad policial o para evitar tocar jeringas y gasas manchadas de sangre”.
Los defensores también aclararon que el agente no tenía ninguna relación previa con el joven marroquí, explicando que “no le conocía” y que sólo le había visto en algunas fotos policiales vinculadas a una investigación llevada a cabo por otros compañeros. Para los abogados, se trata de un “arrepentimiento profundo y genuino” en el que el agente reiteró contundentemente que no quería matar, llegando incluso a denunciar por difamación a los testigos que lo habían acusado el primer día del juicio.
las sombras
A pesar del extenso testimonio, permanece un profundo silencio sobre uno de los aspectos más controvertidos de la investigación: en sus declaraciones, Cinturrino no dio ninguna explicación de por qué colocó un arma falsa junto a la víctima después del tiroteo.
Esta falta de respuesta, combinada con el tono del acusado, provocó una fuerte reacción por parte de los abogados de la familia Mansouri, Marco Romagnoli y Debora Piazza. Según Romagnoli, los comentarios del agente no convencieron a los familiares de la víctima: “De alguien que dice haber matado sin querer matar, esperábamos una desesperación que no se trasluce en sus palabras”, comentó el abogado durante una pausa en la audiencia. Mientras Cinturrino defendió sus 18 años de servicio y su “pasión por el uniforme” -recordando que fue el “primero de la familia en vestirlo”-, el demandante señaló que el descontento expresado parecía dirigido más a su ruina personal que a la vida destrozada del joven de 28 años.