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Donald Trump acompañó con una oración fúnebre especial, un escupitajo publicado en su red social, el anuncio de la muerte del exdirector de la policía federal (FBI) Robert Mueller, fallecido a causa de la enfermedad de Parkinson, a la edad de 81 años. “Robert Mueller acaba de morir. Bueno, estoy feliz de que esté muerto. Ya no puede lastimar a personas inocentes”.escribió el presidente de Estados Unidos el sábado 21 de marzo en su red Truth Social.

Obviamente, Donald Trump no se refería a los brillantes logros de este gran funcionario estatal, que le valió el respeto tanto de funcionarios demócratas como republicanos. La ira presidencial se centró en el último episodio de la larga carrera de Robert Mueller: su nombramiento, en 2017, como fiscal especial en el caso de la injerencia rusa en las primeras elecciones presidenciales ganadas por el exmagnate inmobiliario, en 2016. Al final de un largo trabajo de investigación, Robert Mueller, elegido por el propio departamento de justicia del presidente, sacó sus conclusiones en 2019. Consideró real el intento de Moscú de influir en la votación. Americano. La benevolencia que Donald Trump siguió mostrando hacia su homólogo ruso, Vladimir Putin, demostró que se trataba de un cálculo acertado.

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