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Nunca antes ha habido algo parecido a este Consejo de Paz, escribe Donald Trump en la invitación a este organismo, que envió a sesenta jefes de Estado y de Gobierno. Sin duda tiene razón. Nunca en la historia ha habido una organización de Estados tan adaptada al ego de un solo hombre.

Los estatutos de este “Consejo de Paz” son el sueño de un gobernante autoritario: el propio Donald J. Trump debería ser el presidente inamovible y al mismo tiempo “la autoridad suprema sobre el significado, la interpretación y la aplicación” de los estatutos de la organización.

El sueño de un gobernante autoritario

Si esto fuera una comedia política, uno podría reírse de este documento de arrogancia. Pero el asunto es sumamente grave. No sólo porque Trump –como lo demuestran sus amenazas arancelarias contra Francia– aparentemente considera traición si alguien no quiere aceptar su invitación amistosa.

Originalmente se suponía que el Consejo de Paz se crearía para acompañar el proceso de paz en la Franja de Gaza. Pero el preámbulo de la carta no deja dudas de que el objetivo de Trump es debilitar a las Naciones Unidas mediante la creación de una organización paralela.

Esto podría socavar aún más el ya frágil orden internacional, incluso si el “Consejo de Paz” de Trump no logra encontrar resonancia entre los poderes fácticos. Esto es probable: es poco probable que Rusia y China estén dispuestas a someterse a Trump. Y los europeos también deberían decir “no”.

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