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En dos semanas pasó todo. No tanto en el campo de batalla, donde los rusos continuaron su costoso trabajo de desgastar a las fuerzas ucranianas. Las noticias más importantes provienen de los palacios de la diplomacia y la política. El 19 de noviembre se dio a conocer el plan de paz de 28 puntos, resultado de los esfuerzos de Moscú y el ala prorrusa del gobierno estadounidense (representada por el enviado Witkoff y el vicepresidente Vance). En negociaciones posteriores en Ginebra, los europeos, los ucranianos y la facción más “ortodoxa” del poder estadounidense (encabezada por el Secretario de Estado Marco Rubio) ajustaron sus objetivos desarrollando un contraplan. Pero el escándalo de corrupción debilitó a Kiev, alimentando los primeros llamamientos internos para una reducción de los poderes de Zelensky. Finalmente, una vez más, todo se detuvo. Pero en Moscú están más convencidos que nunca de haber enganchado definitivamente a la administración estadounidense: “Estados Unidos ha confirmado su deseo de tener en cuenta las consideraciones rusas para establecer una paz a largo plazo”, declaró el asesor diplomático de Putin, Yuri Ushakov, a los periódicos moscovitas. El presidente Macron (y probablemente también el canciller Merz) parecen estar de acuerdo: “Estados Unidos está dispuesto a traicionar a Kiev”.

En cuanto a los ucranianos, hay esperanza

el de llegar al final del invierno sin demasiados daños. Putin se enfrentará entonces a una posible nueva ola de reclutamiento en el ejército para hacer frente a las pérdidas y las dificultades económicas.

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