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Lo que iba a ser una excursión inolvidable entre las tortugas y los corales de la isla de Palawan, en Filipinasse convirtió en una pesadilla para un grupo de nueve amigos milaneses. Después de un día en Peña Plata, en el camino de regreso, el mar subió repentinamente, provocando que su barco se hundiera. “Nos sumergimos en poco tiempo, así, plano, y nos encontramos entre las olas”, dice el abogado. Giovanna Fantini al Corriere della Sera, describiendo los momentos de terror vividos con la corriente.

El naufragio

Una vez en el agua, con el barco hundido y el capitán refugiado en la única parte del techo que aún emergía, los turistas sólo podían contar con su propia disponibilidad.

Después de ponerse los chalecos salvavidas, implementaron una verdadera estrategia de supervivencia para evitar que la corriente los separara: se unieron entre sí “mediante cuerdas, chalecos salvavidas y dos tablas de madera”, explica Fantini. La situación se volvió desesperada por la falta de equipo a bordo, ya que la tripulación no tenía bengalas ni radios. El punto de inflexión llegó gracias a un teléfono inteligente resistente al agua que una de las amigas tenía con ella. La única herramienta que permitía dar la alarma llamando a un compañero de viaje que permanecía en tierra.

Los 45 minutos en el mar

Mientras el familiar avisaba al hotel, las mujeres permanecieron a merced de las olas durante tres cuartos de hora, intentando hacerse visibles en un tramo de mar donde “no era fácil hacer entender dónde estábamos”. Sólo después de cuarenta y cinco minutos de angustiosa espera vieron aparecer en el horizonte el casco enviado por el alojamiento para ser recogido. A pesar del final feliz, persiste la amargura por la falta de preparación de los socorristas locales: “Éramos mucho más emprendedores que el capitán. Era un hombre joven, en mi opinión no sabía hacerse a la mar”, concluye el abogado milanés. El grupo regresará mañana a Italia, pero la historia no terminará ahí: los turistas ya han informado del incidente a la capitanía del puerto de Port Barton, que ahora tendrá que investigar los graves fallos de seguridad del barco.

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