Es alucinante. Vivimos 25/30 años más que todas las generaciones que nos precedieron en la historia de la humanidad, sin aparentemente haber hecho nada para merecerlo. Aparentemente… esto necesita ser explorado más a fondo. Y el fenómeno continúa, ni siquiera el Covid –ni siquiera momentáneamente– lo ha detenido.
Así que hablemos de ello, miremos esta vida y miremos este mundo a través del lente visual de la longevidad y su contraparte. Vejez. Me he ocupado de la “geriatría” durante toda mi carrera y hoy, a mis 75 años, veo el fenómeno de la vida adicional, “sin precedentes” al inicio de mi carrera, como un “hecho” y completamente “publicado”. Excepto que permanece en su mayor parte inédito. ¿Has visto una campaña electoral que enumera temas de actualidad y cuestiones determinadas por la longevidad que no son sólo Fornero, un artefacto diseñado para aquellos que son un poco más lentos y frágiles, una película que habla de esos años extra y las anomalías/incertidumbres/felicidad/dolor que causan, una novela que habla de ellos, un podcast que me entrevista teniendo en cuenta mis 75 años, un rincón de Uno Mattina dedicado a la lista de cuestiones que acompañan a la longevidad, la vejez, un Ikea o una Coop? ¿Un viaje dedicado, un autobús y un tren “evolutivos”, una investigación sobre Trump y Mattarella desde el punto de vista de su biología y genética? No, y puedo continuar.
LOS DATOS
Entonces voy a empezar desde que soy mayor y llevo 50 años trabajando con y para personas mayores. Bueno: soy una de los casi 15 millones de personas mayores de sesenta y cinco años –la edad que todavía define el envejecimiento– presentes en Italia. El 25% de los italianos, no pocos… Están, por diversos motivos, de los que tarde o temprano hablaremos, entre los 10 de los 15 millones que se encuentran en buena condición física. Especialmente entre los tres o cuatro millones sin enfermedades crónicas, artrosis-diabetes-hipertensión-cáncer-Parkinson. Ya se puede ver que entonces tendríamos que hablar de tres poblaciones completamente diferentes, las que como yo gozamos de buena salud (tres/cuatro millones), las que, como mi cuñado, padecen algunas enfermedades crónicas, incluso graves, pero que funcionan bien (seis/siete millones), y las que, como mi suegra, no son autosuficientes (cuatro/cinco millones).
Dentro de estas macroclases, la vida, el mundo, los acontecimientos tienen una lista de diferentes prioridades o problemas pero aún así es una lista larga… Y comencemos a hablar de toda esta larga lista.
Dije, empecemos por mí y la clase que represento actualmente: me siento tranquilamente frente a la computadora, no necesito anteojos porque después de operarme de cataratas veo perfectamente de cerca, apenas termino de escribir corro al gimnasio donde voy todos los días. Media hora de entrenamiento con pesas y actividad física contra resistencia para mantener el tono muscular y evitar perderlos (sarcopenia en la jerga), media hora de carrera en cinta para una actividad aeróbica que mata la hipertensión. En realidad estoy en 130/80 con un ritmo cardíaco de 55. Me iré a casa a almorzar… un kilo de salchicha sin pan después de un desayuno de sólo un doble de café. Tarde libre, normalmente libros, preferentemente novelas policíacas inteligentes, como Manzini. Cena a las 20 h. máximo, plato único preferiblemente proteico, abierto por la noche, pero si hay un partido de campeón estrictamente por televisión.
Como ya podéis ver, a cada una de estas actividades cotidianas deberíamos dedicar otros artículos o podcasts o películas para profundizar y justificar el tipo de actividad física o la comida única/ayuno o las proteínas o Manzini… pero lo que más me asombra es pensar en el petróleo que soy y que no se convierte en petróleo para aumentar el PIB del país. Porque no sólo estoy libre de enfermedades crónicas y en buena forma física sino que, y esto es inaudito, estoy mejor que cuando tenía 40/50 años. Soy más lúcida, fría, culta, sintética, directa, capaz de elegir, emocionalmente estable, más inteligente en definitiva. Por supuesto que tengo menos músculos y por eso no quiero construir la casa, pero sugiero cómo organizar mejor los espacios, ciertamente no corro cien metros pero sí una media maratón, ciertamente puedo ser útil. Bueno, es poco probable que todo esto suceda, sobre todo porque las cuestiones fiscales por sí solas (que también deberían ser mejor conocidas…) son montañas que escalar si se quiere monetizar este servicio público. Y luego veo con una sonrisa el miedo frío de las generaciones siguientes, hoy en mi antiguo puesto de mando, que no quieren ni la sombra del viejo yo que la biología del retiro ha eliminado.
PROYECTOS
Bueno…podríamos enviarme a otra institución, similar a aquella en la que serví, donde mi sabiduría al menos pueda brindarme buenos consejos. O tomemos 100 millones del presupuesto estatal para un concurso nacional para mayores de sesenta y cinco años. Un millón a fondo perdido para 100 “personas mayores” que pongan en marcha una iniciativa emprendedora, una start-up, una aplicación, un servicio con preferencia quizás por quienes también transmiten conocimientos. Todo juzgado por una comisión especial que evalúa su originalidad y viabilidad. Sería una buena señal para esos tres o cuatro millones de personas mayores sanas. ¿No crees que no se nos pueden escapar 100 buenas ideas? – pero también para las otras macroclases de las que hablábamos. Y dejaríamos de decir que la vejez es un recurso, la convertiríamos seriamente en un recurso.
Naturalmente habrá que hablar de aquellos que no tienen intención de seguir actuando porque están cansados o enfermos y por tanto nos enfrentamos a pérdida de ganas, memoria, estado de ánimo, piel seca o incontinencia.
Y luego los servicios, cómo encontrarlos y dónde, y cuáles han sido establecidos por la legislación reciente. Etc, etc, etc. El material inédito es rico. Pero debemos hablar de ello, compartir las estrategias de los individuos para lograr un mínimo común denominador que construya un magnífico envejecimiento masivo. Petróleo, no coste.
© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS