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La paradoja del trabajo doméstico. A pesar del papel que desempeña en la vida cotidiana de las familias, el trabajo doméstico adolece de una reputación social frágil. Según una encuesta realizada por Censis entre una muestra representativa de la población por encargo de Assindatcolf – Asociación Nacional de Empresarios del Trabajo Doméstico, el 72% de los italianos cree que este trabajo está socialmente poco o no valorado y el 54,4% no querría que un hijo o una hija lo hiciera. Sin embargo, el reconocimiento de su utilidad es muy alto: para el 80,1% de los italianos es un trabajo importante y para el 89,4% contribuye significativamente al bienestar de la sociedad. Los datos están contenidos en el artículo 1 del Informe Trabajo Familiar (neto) 2026 “Reputación social en el trabajo doméstico: de la percepción social a la situación contractual.

Una reputación social frágil

Sólo el 28% de los italianos cree que quienes desempeñan este trabajo son muy o bastante respetados socialmente (5,5% muy bien y 22,5% bastante), mientras que el 72% los considera poco o nada respetados (61,1% poco y 10,9% nada). La idea de que se trata en gran medida de una elección forzada también afecta a la percepción: el 52,3% de los italianos cree que quienes realizan trabajo doméstico lo hacen porque no tienen alternativas; El 17,2% lo considera como una libre elección profesional y el 22,8% lo interpreta como un trabajo temporal a la espera de mejores oportunidades. La percepción de una protección insuficiente también influye: para el 57,3% de los italianos, el trabajo doméstico no está suficientemente protegido por el Estado, mientras que para el 28,7% está sólo parcialmente protegido y sólo el 7,8% cree que está suficientemente protegido. A los ojos de los italianos, la irregularidad generalizada pesa mucho sobre la reputación del sector: el 34,5% de los italianos cree que afecta mucho y el 44,3% bastante poco, mientras que el 14,8% piensa que afecta poco o nada. Y una vez más, el 49,5% de los italianos cree que las responsabilidades del trabajo ilegal se comparten entre los trabajadores y las familias; El 40% los atribuye a familias, frente a sólo el 6,5% a trabajadores domésticos. Una minoría (4%) cree que el fenómeno no depende directamente de ninguno de ellos.

Las tareas del hogar y las expectativas de los niños.

La mayoría de los italianos, el 54,4%, no querría que un hijo o una hija hiciera trabajo doméstico, mientras que el 15,1% se muestra indiferente y el 30,5% se declara muy o algo satisfecho con esta elección. Entre estos últimos, o entre quienes ven de forma positiva esta posibilidad, prevalece el reconocimiento de la dignidad del trabajo: el 59,6% lo considera un trabajo digno como cualquier otro, mientras que el 33,4% valora su dimensión de asistencia y cuidado a las personas. Otros aspectos apreciados se refieren a la dimensión relacional (20,2%), la estabilidad del empleo (12,1%) y el carácter dinámico de las actividades realizadas (11,6%). Entre quienes dicen estar en contra, pesan sobre todo los factores económicos y las perspectivas profesionales: el 43,8% cree que ofrece pocas oportunidades de desarrollo, el 42% lo considera mal remunerado y el 25,2% lo considera agotador. Una proporción menor también se refiere al tema del prestigio social (15,8%). En general, según los italianos, para fortalecer la reputación del trabajo doméstico se necesitan sobre todo incentivos para la regularización contractual (47,6%) y un aumento de los salarios (45,3%).

El vínculo con el bienestar de la sociedad

Para el 80,1% de los italianos, el trabajo doméstico es un trabajo importante, pero entre ellos, el 67,1% dice que está poco valorado y sólo el 13% que es respetado. Para el 12,2% restante es un trabajo como cualquier otro, y para sólo el 6,7% es una actividad superflua. El reconocimiento de la contribución al bienestar colectivo es aún más fuerte: el 89,4% de los italianos cree que el trabajo doméstico contribuye significativamente al bienestar de la sociedad (45,7% muy significativamente, 43,7% bastante significativamente). Sólo el 10,6% cree que su impacto es limitado o incluso inexistente.

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