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Más de un mes después del estallido de la guerra en Irán, el cierre del Estrecho de Ormuz -un centro decisivo para el tráfico mundial de petróleo- está empezando a producir efectos concretos incluso en los aeropuertos italianos. El primer caso y el más evidente es el de Brindisi, donde, según los NOTAM, los boletines operativos mediante los cuales se comunican a pilotos y compañías los cambios o limitaciones de un aeropuerto, el combustible para los aviones no estará disponible al menos hasta el mediodía de hoy. Se pide a las empresas que planifiquen el reabastecimiento de combustible en los aeropuertos anteriores y calculen una cantidad suficiente para cubrir también las rutas posteriores, mientras que las reservas restantes se asignan a vuelos estatales, servicios sanitarios y misiones de socorro. En su mayor parte, el aeropuerto permanece abierto, pero los aviones deben repostar combustible antes de aterrizar allí.

La imagen no se detiene en Puglia. En los días anteriores ya se habían introducido limitaciones en varios aeropuertos italianos, empezando por Milán Linate, Bolonia, Venecia y Treviso, donde se limitó el repostaje dando prioridad a los vuelos más largos considerados esenciales. Al mismo tiempo, problemas críticos también se han extendido al Sur. En Reggio Calabria, dada la reducida disponibilidad de combustible para aviones, se fijó una cuota máxima de repostaje para cada avión; en Pescara, sin embargo, sólo está operativo un camión cisterna y la disponibilidad de combustible es limitada. No se trata de una parálisis del sistema, sino de una red que sigue funcionando en condiciones anormales, con márgenes operativos más ajustados. Las limitaciones, ahora repartidas en varias regiones del país, demuestran que el problema ya no es un episodio aislado.

La secuencia de restricciones distribuidas entre el Norte y el Sur señala una transición de fase. El problema ya no se refiere a un episodio limitado, sino a la capacidad global de la red aeroportuaria para resistir de manera homogénea. El riesgo no es sólo el de retrasos o ineficiencias, sino el de una reducción gradual de la flexibilidad operativa, justo cuando el sistema se acerca a la temporada de mayores flujos. Para las empresas, esto significa repensar las paradas técnicas, la autonomía y la gestión del combustible; para los aeropuertos, trabajando con menores márgenes de error y con menor capacidad para absorber imprevistos.

A nivel europeo, las empresas empiezan a pensar en las posibles novedades si la crisis continúa. Ryanair explicó que una rápida conclusión del conflicto preservaría la continuidad del suministro, mientras que una continuación de las hostilidades hasta mayo o junio podría presentar riesgos para el suministro de combustible de determinados aeropuertos europeos. Lufthansa destacó dificultades similares, informando de problemas en algunos aeropuertos asiáticos tras el bloqueo de Ormuz. Son indicios que muestran cómo la presión sobre el combustible para aviones no sólo afecta a Italia, sino que ya está afectando a varios segmentos del transporte aéreo internacional. En otras palabras, el temor es que una crisis en las rutas energéticas pueda tener un impacto cada vez más directo en las conexiones civiles. También porque los cierres del espacio aéreo ligados a diversos conflictos alargan las rutas y por tanto el consumo.

Luego, hay una debilidad estructural que pesa en el frente europeo. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (Iata), organización que representa a la mayoría de las compañías aéreas del mundo, señala que alrededor de un tercio del combustible de aviación utilizado en Europa procede del extranjero. En el origen de este fenómeno está también el cierre paulatino de varias refinerías en el continente en los últimos años, lo que ha reducido la capacidad de producción interna y ha ampliado la brecha entre oferta y demanda. El resultado es una mayor dependencia de las importaciones y una menor capacidad para absorber shocks.

Brindisi habla del inicio de una fase diferente para el transporte aéreo italiano. Los aeropuertos siguen operativos, pero con limitaciones que hace unos días parecían excepcionales. Y si la presión sobre los suministros persiste, esta situación podría volverse permanente.

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