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Como conductor de autobús, Martín Binias escucha frases como “¡Conduce más rápido!” A menudo. Pero a pesar de la presión del tiempo, sólo le importa una cosa: que al final todos salgan sanos y salvos.

“¿No puedes acelerar un poco? ¡Tengo una cita importante!”

Los conductores de autobús escuchamos esta frase con más frecuencia de la que nos gustaría. La mayor parte del tiempo parece irritado, a veces acusador. Y sí, entiendo el estrés que hay detrás de esto. A nadie le gusta llegar tarde. Pero lo que muchos olvidan ahora es que no están detrás del volante por diversión. Asumo la responsabilidad.

Porque todavía mantengo la calma como conductor de autobús.

Cuando empiezo a trabajar a la hora del almuerzo, sé que no conduzco un solo vehículo, sino a menudo más de cincuenta personas. Estudiantes de escuela, viajeros, pasajeros mayores, padres con cochecitos. Cada uno de ellos confía en llegar sanos y salvos.

Esta confianza no es un detalle. Es el núcleo de mi trabajo. No conduzco despacio para molestar a nadie. Conduzco cuando la situación lo requiere. Los límites de velocidad también se aplican a los autobuses.

Las distancias de seguridad no son un ámbito que pueda reducirse según el estado de ánimo. Y la luz roja permanece roja, incluso si alguien en el autobús mira nerviosamente su reloj. También hay atascos, obras en construcción y tráfico intenso. Cualquiera que se desplace cada día entre el tráfico urbano lo sabe: a veces es imposible ir más rápido.

Martín Binias, conocido como “Mr Bus Driver”, es un influencer y un conductor de autobús activo. Con humor y alcance hace accesible el transporte público, crea comprensión para la vida laboral cotidiana y ha recibido numerosos premios. Es parte de nuestro Club EXPERTOS. El contenido representa su opinión personal basada en su experiencia individual.

Cada acción en la carretera tiene consecuencias directas.

Un autobús acelera de manera diferente que un automóvil. Frena de forma diferente. Y cualquier movimiento brusco lo sienten inmediatamente las personas en la cabina. Una frenada fuerte puede ser suficiente para hacer caer a alguien. En momentos como este tengo que mantener la calma.

No puedo reaccionar emocionalmente, no puedo tomar decisiones impulsivamente. Cada acción que tomo tiene consecuencias directas. Un cambio de carril arriesgado o seguir demasiado de cerca podría ahorrarle unos segundos. Sin embargo, en el peor de los casos, le costará su salud o su vida.

“Lo más importante es llegar sano y salvo”

La presión del tiempo es humana. Yo también lo sé. Yo también tengo compromisos, familia, obligaciones. Pero cuando estoy detrás del volante, algo más importa. Entonces se trata de seguridad, responsabilidad y profesionalidad. Lo que queremos es comprensión.

Una breve reflexión sobre el hecho de que delante hay una persona que hace su trabajo a conciencia. Que no camina, pero pesa las cosas. Que no habita, sino que protege. En última instancia, no mido mi éxito por si llegamos tres minutos antes o después.

Sino que todos los pasajeros salgan sanos y salvos. Sin accidente. Sin heridos. Sin títulos. La cita más importante no es la reunión, ni la visita al médico, ni el enlace en tren.

Lo más importante es llegar sano y salvo. Por eso estamos en el asiento del conductor. Y en caso de duda, prefiero quedarme en la carretera un minuto más que correr riesgos innecesarios. Para nosotros, los conductores de autobuses, la seguridad siempre es lo primero.

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