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El Consejo de Seguridad de la ONU vota la resolución estadounidense que aprueba el plan de paz de Donald Trump para Gaza y autoriza una fuerza internacional para estabilizar el enclave palestino que también debería desarmar a Hamás. De su aprobación depende el inicio de la segunda fase del plan, la más difícil, tras la tregua, el intercambio de prisioneros y la retirada parcial de las FDI de la Franja de Gaza.

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En la votación pesa la incertidumbre sobre el posible veto de China y Rusia, este último país que presentó en los últimos días un proyecto alternativo que no menciona la desmilitarización de Gaza, se opone a mantener a Israel más allá de la línea amarilla, no menciona al Consejo de Paz para la administración transitoria del enclave (presidido por el propio Trump) y confía al Secretario General de la ONU la tarea de evaluar las “opciones para el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización” (eliminándola así de Washington). Una línea que también comparten China y Argelia. Pero además de los países árabes musulmanes más importantes (Qatar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Indonesia, Pakistán, Jordania y Turquía), la Autoridad Palestina también se sumó al impulso para una rápida adopción de la resolución estadounidense, reforzando así las posibilidades de aprobación. Según fuentes diplomáticas, sería difícil para Moscú y Pekín oponerse a un texto apoyado por Palestina y toda la región. Por tanto, las previsiones de última hora suponen que la resolución obtendrá una mayoría de votos (al menos 9 de 15), con la abstención de Rusia y China. Para facilitar la votación de Moscú y Beijing, se renegoció el proyecto de resolución.

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Ahora afirma que los estados miembros del Consejo de Seguridad pueden participar en el llamado Consejo de Paz y que “finalmente podrían crearse las condiciones para un camino creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino” una vez que la Autoridad Palestina implemente una agenda de reformas y avance la reconstrucción de Gaza. La tarea de garantizar un proceso de desmilitarización de Gaza, incluido el desarme y la destrucción de la infraestructura militar de Hamás, sigue confirmada para la fuerza internacional de estabilización. Por tanto, es comprensible que las críticas más duras procedan de Hamás e Israel. Un grupo de facciones palestinas lideradas por Hamás emitió una declaración contra la resolución, calificándola de un paso peligroso hacia la imposición de una tutela extranjera sobre el territorio y argumentando que la propuesta sirve a los intereses israelíes. Además, se rechaza cualquier cláusula relativa al desarme de Gaza o que socave el “derecho del pueblo palestino a resistir”.

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Por su parte, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, bajo presión de los ministros de derecha de su gobierno, reiteró que Israel seguía oponiéndose a un Estado palestino y prometió desmilitarizar Gaza “por las buenas o por las malas”. Mientras tanto, Israel se enfrenta a protestas por la evacuación del puesto ilegal de Tzur Misgavi en Cisjordania: varios policías israelíes resultaron heridos en violentos enfrentamientos con los colonos, decenas de los cuales intentaron atrincherarse allí “atacando a las fuerzas de seguridad lanzando piedras y barras de hierro, y quemando neumáticos y vehículos”. Otros enfrentamientos se produjeron en la aldea de Jaba’a, cerca de Belén, con incendios de vehículos y viviendas.

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