8284862_upload-1-1mvyukfzc2tm-frame-985.jpg

ela violencia reciente vinculada al tráfico de drogas nos recuerda, una vez más, que Francia se enfrenta a un fenómeno que ya no afecta sólo a la delincuencia callejera, sino a una dinámica criminal profundamente arraigada.

El asesinato el 13 de noviembre del hermano de la activista ecologista Amine Kessaci y el tiroteo de un niño de 12 años en Grenoble la noche del 15 al 16 de noviembre no son hechos aislados. Al contrario, atestiguan una preocupante agravación del fenómeno: extensión geográfica de las redes, rejuvenecimiento de los actores implicados, banalización del uso de las armas, amenazas contra magistrados y personal penitenciario, aumento de las lógicas de represalia y de los actos de intimidación.

Sin embargo, desde hace varios años, investigadores especializados y actores de entornos asociativos vienen intuyendo una transformación estructural del narcotráfico (que debería denominarse como es, evitando cualquier término que pueda referirse a una imagen popular atractiva). La oferta de drogas se está extendiendo cada vez más, impulsada por una economía criminal flexible y ágil, que sabe explotar la tecnología digital y, aún más, las vulnerabilidades sociales. Esta conclusión está respaldada por numerosos informes: en agosto la Oficina Antidrogas había advertido sobre un verdadero “tsunami blanco” de cocaína, el número de consumidores casi se ha duplicado en cuatro años y Francia se ha convertido “sin zona blanca” ; es decir que el narcotráfico ahora se extiende por todo el país, desde las metrópolis hasta las zonas rurales.

Lea también la columna | Amine Kessaci, activista medioambiental: “No, no me quedaré callado. Diré y repetiré que mi hermano Mehdi murió en vano. Hablaré abiertamente sobre la violencia del narcotráfico”

Ante esta agravación del fenómeno, la respuesta francesa lamentablemente sigue centrada en la represión: la ley del 13 de junio de 2025 se limita a endurecer los instrumentos existentes, mientras que su propio título reconoce que el país ya ha caído en “trampa del narcotráfico”.

Esta orientación represiva no es ilegítima y la lucha contra el crimen organizado pasa por la captura y el castigo de los responsables, pero hace tiempo que muestra sus límites. Si bien un informe del Senado mencionó, en mayo de 2024, un “amenaza existencial”la respuesta es evidentemente insuficiente: el enfoque exclusivamente criminal, por necesario que sea, no puede ser suficiente para detener un fenómeno alimentado por factores económicos, sociales o incluso educativos.

Te queda el 52,91% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.

About The Author