El delta del Nilo es un terreno de juego voluble para los historiadores. Entre el constante aumento del nivel del agua y el estancamiento de la humedad, encontrar suelo en esta región es un desafío diario. Sin embargo, en el lugar de Tell el-Farain (lugar de la antigua ciudad de Bouto), un equipo de investigadores acaba de realizar un descubrimiento extraordinario. Allí encontraron los restos de un imponente edificio que data del siglo VII a.C.
Lo que los expertos han encontrado no es sólo una pared de ladrillos, sino una cápsula del tiempo real. Las dimensiones de la estructura, de 20 x 24 metros, dejan perplejos a los especialistas en cuanto a su función exacta. ¿Es un templo secundario dedicado a una deidad local o la prestigiosa tumba de un alto dignatario? Lo cierto es que el lugar estaba lleno de tesoros.
Los arqueólogos desenterraron amuletos tallados en el suelo. Allí nos encontramos con la diosa Isis amamantando a Horus, u Ouadjet, el protector de Bouto. Aún más sorprendente es que se han encontrado figurillas que representan personajes en posiciones sexuales explícitas.
Según el estudio publicado en la revista especializada Applied Geophysics y reseñado por Popular Mechanics, este descubrimiento nunca habría sido posible sin un arsenal de tecnologías de vanguardia. Utilizando tomografía de resistividad eléctrica (básicamente un escáner que envía corrientes al suelo para dibujar un mapa 3D), el equipo pudo ver a través de 20 pies de tierra y escombros.
Un rompecabezas subterráneo gigante
Uno de los objetos más preciosos encontrados es sin duda un escarabajo de esteatita que lleva el nombre del faraón Tutmosis III. Aunque este rey reinó mucho antes de la construcción del edificio, su nombre siguió utilizándose siglos después como símbolo de protección y prestigio. “Los resultados de este estudio demuestran la eficacia de combinar mediciones geofísicas y datos de teledetección“, escriben los autores del informe, subrayando que este método permitió obtener “visión muy precisa para localizar establecimientos enterrados en una región compleja“.
El trabajo del equipo no se limitó simplemente a recolectar objetos. También descubrieron que los ingenieros de la época eran auténticos visionarios. Para construir sobre este terreno inestable, los antiguos egipcios literalmente arrasaron barrios enteros y crearon enormes cimientos de arena. Es precisamente esta cuidada preparación del terreno la que ha permitido que muros de casi 12 metros de espesor resistan los siglos y las inundaciones del Nilo.
El análisis de las diferentes capas de la tierra también cuenta una historia de resiliencia. El lugar experimentó un inmenso vacío de ocupación durante 1.500 años, probablemente debido a un cambio en el curso del río, antes de ser reinvertido por poblaciones que tuvieron que aprender a domesticar esta tierra. Hoy en día, los arqueólogos están convencidos de que este templo –o esta tumba– es sólo la punta del iceberg. Bajo esta estructura, incluso las capas más antiguas esperan ser escaneadas.
Este descubrimiento cambia nuestra visión del último período egipcio. Las figuras eróticas, lejos de ser anecdóticas, nos recuerdan que la fertilidad y la protección divina estaban en el centro de las preocupaciones cotidianas. El futuro de la arqueología en el delta pasará ahora por estos “escáneres subterráneos”, que permitirán identificar con mayor precisión los yacimientos que se excavarán.