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(Adnkronos) – Enrica Bonaccorti murió hoy jueves 12 de marzo. Adnkronos se entera de esto. Presentadora de televisión, actriz y autora, tenía 76 años y padecía un cáncer de páncreas, que le diagnosticaron el año pasado. En los últimos meses, durante varias apariciones en televisión, ha hablado de su lucha contra la enfermedad.

Entre los años 80 y 90 fue la cara de numerosos programas de televisión populares de Rai y Mediaset, como “Non è la Rai”, “Pronto, chi gioco?” y “Italia Sera”. Un rostro familiar. Uno de esos que desde hace años entra con naturalidad en los hogares de los italianos, atravesando franjas horarias, géneros e incluso temporadas de televisión sin parecer nunca fuera de lugar. Su recorrido recorre la evolución de la televisión generalista italiana, desde el servicio público de los años 70 hasta el boom del entretenimiento de los años 80 y las nuevas plataformas del nuevo milenio.

Nacido en Savona el 18 de noviembre de 1949, Bonaccorti llegó a la televisión tras un complejo recorrido que incluyó teatro, cine y radio. Pero es la pequeña pantalla la que le confiere su verdadero reconocimiento popular. Su debut televisivo tuvo lugar en 1978, cuando Rai le confió la conducción de “Il Sex Forte”, un programa de juegos que intercepta con inteligencia e ironía el clima de cambio en el país. Es un comienzo que sorprende por su naturalidad: Bonaccorti no imita a nadie, no levanta la voz, no fuerza el papel. Se presenta tal como es, una mujer culta, irónica, capaz de estar delante de la cámara sin artificios.

Después de algunas experiencias presentando y participando en programas de entretenimiento, el verdadero salto se produjo a principios de los años 1980. En 1983 se convirtió en uno de los rostros centrales de “Italia será”, el primer programa nocturno de Rai 1. El programa marcó un punto de inflexión en la forma de hacer televisión: información, actualidad, costumbres y actualidad se mezclan en una nueva fórmula, más discursiva, más cercana al público. Bonaccorti, apoyado primero por Mino Damato y luego por Piero Badaloni, se afirma como una presencia autoritaria pero nunca rígida, empática y sin complacencia. El éxito fue inmediato y certificado por Telegatto, pero sobre todo por la atención diaria de millones de espectadores. Entre los años 80 y 90 fue la cara de numerosos programas de televisión populares de Rai y Mediaset, como “Non è la Rai”, “Pronto, chi gioco?” y “Italia Sera”.

En 1985 llegó el momento que definitivamente pasó a formar parte de la historia de la televisión italiana: “Hola, ¿quién juega?”. Tras la despedida de Raffaella Carrà, que se incorporó a Canale 5, Rai le confió uno de los programas más delicados de la programación. La apuesta es arriesgada, pero ganada. Bonaccorti acerca el cuestionario al público con resultados que superan todas las expectativas, transformándolo en un evento fijo para el público del mediodía. Su conducta es directa, conversacional, nunca gritada. Sabe escuchar, improvisar, gestionar el directo con total confianza. Llegan un Telegatto y el Oscar de TV al personaje femenino del año, que la consagran como uno de los rostros simbólicos de Rai en los años 1980.

En 1987, en un clima de fuertes tensiones dentro de la empresa, decidió dejar Rai. El paso a Fininvest forma parte de la gran “campaña de compras” deseada por Silvio Berlusconi, que incorpora a las redes comerciales algunas de las caras más conocidas del servicio público. Para Bonaccorti, este es el comienzo de una nueva etapa. Presentó “La giostra” y “Ciao Enrica”, pero el verdadero relanzamiento se produjo en 1988 con “Queridos padres”, un concurso dedicado a las familias que se convirtió en uno de los programas prevespertinos más populares del Canal 5. Lo presentó durante tres ediciones, confirmándose capaz de dirigirse a un público amplio y transversal, sin perder credibilidad.

En 1991, inauguró la televisión en directo en Canale 5 con la primera edición de “Non è la Rai”, en la que encontró a Gianni Boncompagni e Irene Ghergo (antigua directora y autora de “Pronto, chi Gioca?”). Se trata de un programa destinado a convertirse en un fenómeno generacional, pero que en su primera fase lleva claramente la impronta de Bonaccorti: más control, más estructura, un enfoque que todavía recuerda al clásico programa de variedades. Permaneció al frente durante una temporada entera, presentando también especiales y spin-offs, antes de dejar el programa al año siguiente.

En la década de 1990, se convirtió en protagonista de otros programas de variedades y eventos en horario de máxima audiencia, entre ellos “Vota la Voce” y “Canzoni spericole”, además de numerosas apariciones como presentadora de eventos y programas especiales. Al mismo tiempo, estrechó su relación con la radio, medio que le permitió una mayor libertad de expresión y que le valió algunos de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Con el paso de los años, Bonaccorti optó por reducir su presencia continua al vídeo, pero nunca desapareció realmente de la pantalla chica. Se convierte en una voz autorizada en los programas de entrevistas, una comentarista escuchada, una presencia reconocible que aporta memoria y habilidad. En 2019, décadas después de su debut, volvió a ser presentador diario con “Tengo algo que decirte”, un programa vespertino en TV8. Es el signo de una carrera capaz de cruzar incluso nuevas plataformas, manteniendo intacta la relación con el público.

Hija de Ettore, policía y ex partisano, y de Tiziana, conocida como Titti, Bonaccorti creció en una Italia siempre en movimiento. Su infancia y adolescencia transcurrieron entre diferentes ciudades -Génova, Sassari y otras paradas requeridas por los traslados de su padre-, dejándole un temprano sentido de adaptación y observación. En Sassari, con sólo dieciséis años, se distinguió también en el deporte: en 1965 ganó la medalla de plata en lanzamiento de disco en los campeonatos regionales de atletismo, un detalle poco conocido de una educación física y mental que no era nada frágil.

A finales de los años 60 se traslada a Roma y se acerca al mundo del espectáculo, empezando por el teatro, como ocurría entonces con quienes querían “aprender el oficio”. Protagonizó “Alla ringhiera” (1969) y posteriormente fue elegida por la compañía de Domenico Modugno y Paola Quattrini para “Mi è cacaduna una donna nel cuore” (1970). Fue el comienzo de una relación decisiva: con Modugno no sólo trabajó como actriz, sino que colaboró ​​como letrista, firmando letras destinadas a entrar en la memoria colectiva con las canciones “La distancia” y “Amara terra mia”. Un talento como escritor que muchas veces quedará en la sombra frente a la fama televisiva.

El cine llegó casi en paralelo, primero de forma marginal (una aparición no acreditada en “Metti, una será a cena” de Giuseppe Patroni Griffi) y luego con papeles más reconocibles a principios de los años setenta. Actúa en películas populares y de autor, desde Lina Wertmüller hasta Pasquale Festa Campanile, cruzando también la corriente de la comedia sexy italiana sin dejarse atrapar por ella: entre sus títulos ‘Jus primae noctis’ de Festa Campanile (1972), ‘Tu vicio es una habitación cerrada y sólo yo tengo la llave’ de Sergio Martino (1972), ‘Bienaventurados los ricos’ de Salvatore Samperi. (1972), “Paolo el calor” de Marco Vicario (1973), “Il male ruspante” de Antonio Racioppi (1973), “Película de amor y anarquía – O Esta mañana a las 22 horas, vía dei Fiori, en la famosa casa de la tolerancia…” de Wertmüller (1973), “Rag. Arturo De Fanti, banquero precario” de Luciano Salce (1980) En televisión, participó en importantes dramas de Rai, en particular “Eleonora” (1973) junto a Giulietta Masina y “L’amaro caso della baronessa di Carini (1975), donde obtuvo un papel principal.

Su carrera teatral se desarrolló de forma fragmentada, frenada primero por el nacimiento de su hija Verdiana en 1974 y luego por una intensa actividad radiofónica. Trabajó con el poeta Alfonso Gatto en “L’uomo della notte”, perfeccionando la capacidad de hablar y escuchar que sería fundamental para su futuro presentador de televisión.

El paso a la animación se produjo en 1978 con “Il Sesso Forte”, pero Bonaccorti trajo consigo una experiencia poco común en la televisión en ese momento: era actriz, escritora, letrista y locutora de radio. No es un “descubrimiento” de la televisión, sino una profesional ya formada. En 1979, comentó el concierto de Año Nuevo en Viena en Eurovisión, un signo de credibilidad que iba más allá del entretenimiento ligero. En los años de éxito, no faltaron decisiones controvertidas. En 1982 posó desnuda para la edición italiana de “Playboy”, gesto que suscitó polémica pero que ella consideró un acto de libertad y no de provocación. Más delicado, algunos años después, fue el anuncio televisivo en directo de un embarazo interrumpido por un aborto: un momento íntimo que generó polémica y contribuyó a deteriorar la relación con Rai, lo que llevó a su despedida de la empresa pública.

Los años 90 muestran otra cara de su carrera. Además de los programas de éxito, surgen episodios que cuentan el lado menos dócil del medio televisivo, como el famoso caso de la supuesta estafa telefónica en “Non è la Rai”, cuando Bonaccorti interrumpió en directo una llamada sospechosa, provocando críticas y reproches por parte de las empresas por no haberla pasado en silencio. Un gesto que ella misma, con el tiempo, interpretará como una fidelidad al espectáculo más que como un error profesional.

Al mismo tiempo, creció su compromiso con la radio y la escritura periodística. Regresó a “Chiamate Roma 3131” (1997-98), una emisión histórica de Rai Radio 2, que obtuvo premios y reconocimientos, y se convirtió en columnista de periódicos como “Noi donne”, “Sette” del “Corriere della Sera” y “Oggi”, para los que también redactó un largo reportaje sobre Ruanda. Una obra alejada de los focos, pero central en su identidad.

A partir de 2000, Bonaccorti añade una nueva temporada creativa a la televisión: teatro, radio diaria, narración. Publicó novelas, condujo durante años “Tornando a casa” (2007-2012) en Rai Radio 1 y volvió a los escenarios con textos estimulantes. En 2018 recibió el Micrófono de Oro a toda su trayectoria, reconocimiento a su larga fidelidad al habla.

En los últimos años, entre libros, apariciones en televisión y regreso al cine con “A Relationship” de Stefano Sardo presentada en el Festival de Cine de Venecia en 2021, su silueta ha adquirido un tono más íntimo y reflexivo. En 2020 reveló que padecía prosopagnosia, dificultad para reconocer rostros y contarlos sin victimizar. En 2025, con casi 76 años, hizo pública su enfermedad más dura: el cáncer de páncreas, afrontando la misma franqueza que siempre ha caracterizado su relación con el público. Enrica Bonaccorti sigue siendo así: una profesional que vivió la televisión sin dejarse definir únicamente por ella. Detrás del rostro popular se esconde una historia hecha de escritura, riesgo, autonomía y palabra. Y ese, más que la fama, es quizás su legado más duradero. (por Paolo Martini)

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