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Es una escena familiar para todos los dueños de gatos: una caída en falso, una espectacular pirueta en el aire y, al aterrizar, un rebote suave, casi elegante. Si ya sabíamos que el oído interno del felino actúa como un giroscopio, un equipo de la Universidad de Yamaguchi en Japón quiso entender qué es lo que, en su estructura ósea, le permite realizar tal hazaña acrobática.

Su trabajo, publicado en la revista The Anatomical Record, revela que esta hazaña se debe principalmente a la distribución muy particular de la flexibilidad a lo largo de la columna. Contrariamente a la idea de que el lomo del gato gira uniformemente, los investigadores descubrieron que la parte superior es mucho más flexible que la inferior.

Esta flexibilidad diferenciada permite una maniobra en dos etapas, comparable a un resorte que se despliega en varias etapas. Al analizar vídeos de alta velocidad, los científicos observaron que la parte superior del cuerpo puede girar hasta 50 grados con un mínimo esfuerzo. El estudio afirma: “Durante la recuperación por encima de la cabeza, la rotación del tronco anterior se completa antes que la del tronco posterior”.

En concreto, el felino comienza dirigiendo su cabeza y sus patas delanteras hacia el suelo. Aquí es donde entra en juego la parte inferior, más rígida: actúa como punto de anclaje, aportando la resistencia necesaria para que la parte superior del cuerpo pueda iniciar la rotación sin perder el control. Sin esta rigidez posterior, el gato daría vueltas como un corcho en el agua, incapaz de estabilizar la caída.

La ingeniería natural al servicio del futuro

Estos hallazgos, difundidos por el medio Wired, sacuden nuestra comprensión de la biomecánica felina. La columna vertebral del gato aparece ahora como un instrumento de precisión, donde cada segmento desempeña un papel específico: las vértebras torácicas participan en la torsión, mientras que las vértebras lumbares garantizan la estabilidad.

Gracias a esta precisa organización, el gato se levanta en una fracción de segundo, optimizando sus posibilidades de supervivencia. “Nuestros resultados sugieren que la rotación del tronco se produce de forma secuencial (…) y que la columna torácica flexible y la columna lumbar rígida se adaptan a este comportamiento”los autores resumen.

El interés por estas obras va más allá de la simple fascinación por la gracia felina. Los ingenieros en robótica se están interesando mucho en esto: reproduciendo esta flexibilidad diferenciada, esperan diseñar robots capaces de reorientarse durante una caída o en un terreno irregular. Una columna con forma de gato permitiría a estas máquinas combinar flexibilidad y estabilidad, dos cualidades raras en robótica.

Los veterinarios también ven un verdadero interés en estos descubrimientos. Una mejor comprensión de la distribución de las fuerzas de torsión en la columna felina podría ayudar a perfeccionar los tratamientos para el dolor de espalda o los protocolos de rehabilitación.



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