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“En las condiciones de incertidumbre y sufrimiento del mundo actual, la alegría parece imposible. Quienes hoy creen en la paz y han elegido el camino desarmado de Jesús y de los mártires son a menudo ridiculizados, excluidos del discurso público y muchas veces acusados ​​de favorecer a sus adversarios y enemigos. El cristiano, sin embargo, no tiene enemigos, sino hermanos y hermanas, que siguen siendo enemigos incluso cuando no nos entendemos”. Lo dice el Papa León en el Ángelus de san Esteban, el protomártir, el de san Esteban “es el rostro de quien no sale indiferente ante la historia, sino que la afronta con amor”.

“El Misterio de la Navidad – continúa el Papa – nos trae esta alegría: una alegría motivada por la tenacidad de quien ya vive la fraternidad, de quien ya reconoce en torno de sí, incluso en sus adversarios, la dignidad indeleble de las hijas y los hijos de Dios. Por eso Esteban murió perdonando, como Jesús: por una fuerza más verdadera que la de las armas”.

“Es una fuerza libre – subraya -, ya presente en el corazón de cada uno, que se reactiva y se comunica de manera irresistible cuando alguien comienza a mirar al prójimo de otra manera, para ofrecerle atención y reconocimiento. Sí, renace, se revela de nuevo, ¡es nuestra Navidad! Así, el cristiano puede oponer “la preocupación a la arrogancia, la fe a la desconfianza”.

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