Lo que determina la reputación de una universidad y su capacidad para atraer estudiantes y empresas ya no es sólo la enseñanza y la investigación, sino la capacidad de comunicarse con el mundo exterior, lo que contribuye a incrementar el valor de los resultados obtenidos en todos los frentes. De ello está convencido Marcella Logli, directora del área de Comunicación y Compromiso Público del Politécnico de Milán, que ocupa el primer lugar entre las universidades italianas y el séptimo a nivel mundial, empatado con el MIT, en la investigación realizada por Lundquist sobre 118 universidades italianas e internacionales, titulada .university – Global University Ranking 2026. La historia de Lundquist y el método adoptado para crear los rankings permiten comprender cuáles son las universidades que han comprendido la importancia de posicionarse con la misma lógica estratégica en la comunicación de la empresa y cuáles no lo son tanto. El Politécnico de Milán ha dado un verdadero salto cultural durante el mandato de siete años de la rectora Donatella Sciuto, hasta el punto de que este resultado puede leerse “no como una clasificación que celebrar, sino como una señal de un cambio que ahora es muy claro: la comunicación contribuye directamente a la reputación, el atractivo y la competitividad de una universidad. En el mercado de la educación, ya no basta con producir valor a través de la investigación, la enseñanza y la innovación: también debemos saber cómo hacerla legible, creíble y distintiva para los estudiantes, las familias, socios, empresas y partes interesadas”, afirma Logli.
El mercado global de la educación superior es cada vez más competitivo e internacional y la forma en que una universidad se presenta, se describe y destaca en sus canales digitales determina cada vez más su percepción externa. El estudio .university – Global University Ranking 2026 de Lundquist evalúa la capacidad de las universidades para fortalecer su atractivo en cinco áreas: identidad y posicionamiento, experiencia e inclusión de los estudiantes, investigación y transferencia de conocimientos, sostenibilidad e impacto social, y relaciones con los exalumnos. De ello se deduce que la comunicación universitaria ya no es una función accesoria, sino una palanca que incide directamente en la reputación, el atractivo, la claridad de posicionamiento y la capacidad de hacer legible la identidad, la investigación, el impacto y las relaciones con los diferentes públicos.
Logli destaca que para el Politécnico de Milán este tema forma parte de un proceso que viene desde hace algún tiempo y que también ha implicado la creación de un equipo que ha jugado un papel muy importante en este trabajo. En los últimos años, “se ha renovado con recursos y habilidades cada vez más adaptados a las nuevas profesiones de la comunicación, desde el diseño de marca hasta la UX/UI y el marketing digital – explica Logli -. Esto permitió abordar el proyecto no como una simple intervención gráfica o editorial, sino como un trabajo integrado sobre la identidad, los contenidos, la experiencia del usuario y la coherencia del ecosistema global. El verdadero desafío para una universidad no es comunicar más, sino comunicar mejor: con más claridad, más coherencia y menos autorreferencialidad. Porque no es suficiente para producir valor; también hay que saber hacerlo comprensible”.
El camino recorrido forma parte de un largo trabajo sobre la identidad de la marca, que comenzó en 2024. “No fue una simple actualización de la marca, sino la elección de fortalecer la coherencia, la claridad y la reconocibilidad de la historia de la Universidad en todos los puntos de contacto, online y offline – afirma Logli -. El proyecto se desarrolló como un camino compartido, con la participación del delegado de Comunicación y actividades culturales Umberto Tolino, la gobernanza liderada por la rectora Donatella Sciuto y los diferentes componentes de la Escuela Politécnica, también en aras de la coherencia con la identidad académica de la institución”. De este enfoque también se deriva “el trabajo sobre el nuevo ecosistema digital y visual, concebido no como un ejercicio estético sino como una infraestructura de coherencia – concluye Logli -: las marcas, los contenidos, los entornos digitales, la experiencia del usuario y la calidad narrativa contribuyen hoy juntos a construir confianza, reconocibilidad y relaciones con los diferentes públicos”.