La prensa alemana celebra con titulares “el nuevo eje Italia-Alemania”, relegando al pasado las afinidades electivas entre París y Berlín. Gracias a los tropiezos de Emmanuel Macron y a un Elíseo perpetuamente en dificultades, con Donald Trump y los continuos ataques contra el presidente complicando el panorama. Ayer, el canciller alemán Friedrich Merz mostró su sintonía con Giorgia Meloni en su discurso en Davos, donde estuvo presente una numerosa delegación estadounidense. ¿Un trato? Quién sabe, porque si es cierto que Macron no goza de las simpatías del magnate, también lo es que el líder italiano mantiene una de las relaciones más sólidas de Europa con el impredecible ocupante de la Casa Blanca.
En Suiza
Pero volvamos al Foro Económico Mundial sobre las cumbres suizas, donde Merz anticipó el plan que está trabajando con Roma para dinamizar Europa, liberándola de la jaula burocrática que ha frenado su progreso. Como aperitivo del documento sobre la competitividad europea que se firmará hoy en Villa Pamphili con veintiún ministros y dos directores de orquesta: Meloni y Merz, reunidos de nuevo para la cumbre intergubernamental Italia-Alemania. Con un recordatorio por la tarde, en el Hotel Parco dei Principi, donde está previsto el Foro Empresarial Roma-Berlín. Una doble iniciativa que también ve sobre la mesa una decena de acuerdos gubernamentales, un plan de acción sobre cooperación estratégica reforzada y un acuerdo en el ámbito de la seguridad, la defensa y la resiliencia.
Un póker de ases que es difícil no presentar en tono franco-alemán, eterna marca del pasado. Pero los tiempos están cambiando y Merz siempre ha demostrado ser un líder pragmático, capaz de hacer de la virtud una necesidad. La última prueba de ello se ha dado en los últimos días, con la amenaza de Trump de imponer aranceles a ocho países europeos, entre ellos Alemania, “culpables” de haber enviado soldados a Groenlandia. Mientras Macron hablaba del uso de la “bazuca” europea, la canciller alemana buscaba una salida siguiendo el juego de Meloni, el único que escuchó al magnate tras los bombardeos antieuropeos lanzados por Washington.
Configuración
Al fin y al cabo, ambos hombres siempre han estado enfrentados, la prueba es que Meloni había jugado sus cartas con Merz mucho antes de la llegada del líder de la CDU al Bundestag, donde el abogado de Brilon fue elegido canciller el pasado mes de mayo tras la primera humareda negra, una “mancha” sin precedentes en la Alemania de posguerra.
La armonía estaba en el aire, anclada en una serie de cuestiones en las que el Primer Ministro italiano se encontraba a años luz del predecesor de Merz, el socialdemócrata Olaf Scholz, con quien, por el contrario, nunca se había desarrollado ningún sentimiento. Si en la ruta Roma-Berlín hubo un verdadero incidente diplomático por la financiación alemana de ONG dedicadas al rescate de inmigrantes en el mar, con Merz la situación ha cambiado desde la campaña electoral. El endurecimiento de la seguridad impuesto a la política migratoria alemana, que le valió a Merz duras críticas por parte de la madre de la CDU, Angela Merkel, le fue acercando progresivamente a las posiciones del Gobierno italiano (excepto en lo que respecta a los movimientos secundarios).
Además, es bien sabido que Merz quería moverse aún más hacia la derecha, alejándose del legado de “dama de hierro” de los democristianos, en un intento de impedir que los electores votaran por la extrema derecha, quitando así el viento a AfD.
Batallas comunes
Pero la lista de luchas comunes con Meloni no incluye sólo las políticas migratorias, es larga y sustancial. Esto va desde la triangulación para superar la eliminación gradual de los coches de combustión interna para 2035, hasta el trabajo en equipo contra el Pacto Verde Europeo visto como un obstáculo al crecimiento. Sin olvidar el freno al reconocimiento del Estado de Palestina propugnado por Macron, y las posiciones superpuestas de Roma y Berlín sobre Israel durante los bombardeos en Gaza. Para completar el panorama, los acuerdos de Leonardo con Rehinmetall y KNDS Deurschland, así como el proyecto BROMO con Airbus y Thales.
El documento que se firmará hoy lanza un desafío de 360° sobre “una visión común del futuro de Europa, basada en la necesidad de hacerla más competitiva, más segura y capaz de gestionar eficazmente el fenómeno migratorio, respondiendo de manera concreta a las preocupaciones de los ciudadanos”, explican las fuentes que trabajaron en el acuerdo. En el centro del trabajo conjunto se encuentran “también el apoyo a la industria, fortaleciendo la investigación y la innovación y promoviendo su respectiva excelencia productiva”. Así como “gestionar las transiciones económicas y tecnológicas de forma compatible con el crecimiento, el trabajo y la cohesión social”. Y nos preguntamos cómo se lo tomarán en París…
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