Lejos de ser un gadget de ciencia ficción, el reconocimiento facial ya está en los bolsillos de nuestros policías, y pronto también en nuestras gafas conectadas. En Francia, el medio Disclose denuncia un sistema de vigilancia ilegal que utiliza el expediente judicial nacional para identificar a los transeúntes. Mientras los estados se apresuran a hacerlo, herramientas como PimEyes o FaceCheck ofrecen este poder a cualquiera. En otras palabras: nuestro rostro se convierte en dato público, lo que amenaza nuestra privacidad.
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