NUESTRO Sol no es un viejo holgazán que siempre ha ocupado el mismo rincón del Universo. Nuestra estrella es en realidad una viajera atrevida. Se originó hace 4.600 millones de años cerca del centro poblado de la Vía Láctea y luego migró a unos 10.000 años luz de distancia hacia las pacíficas afueras galácticas que ocupa actualmente. Y ahora, dos estudios realizados por el astrónomo Daisuke Taniguchi del Universidad Metropolitana de Tokiopublicado en la revista Astronomía y Astrofísicasostienen que el Sol hizo este viaje en compañía. Los datos del telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) nos permitieron analizar el “ADN” (es decir, composición química y edad) de más de 6.000 estrellas casi idénticas al Sol. Estos “gemelos solares” comparten no sólo temperatura y masa, sino también un secreto genealógico: todos tienen alrededor de 4.600 millones de años y poseen una gran cantidad de metales que normalmente se encuentran mucho más cerca del centro galáctico.
el escape
El viaje habría tenido lugar hace entre 4 y 6 mil millones de años. En ese momento, la Vía Láctea estaba sufriendo una profunda transformación estructural: se estaba formando la “barra” central, una densa estructura de estrellas y gas que recorre el núcleo de la galaxia. Esta formación actuó como una “licuadora” gravitacional gigante. La inestabilidad provocada por el nacimiento de la barra empujó hacia afuera enormes cúmulos de estrellas, como pasajeros en un carrusel que de repente acelera. Nuestro Sol fue uno de ellos.
Junto con miles de sus hermanas, fue literalmente “expulsada” de las regiones interiores, migrando a las zonas exteriores de la galaxia.
Consecuencias
Este descubrimiento tiene profundas implicaciones para nuestra propia existencia. El centro de la Vía Láctea es un lugar terrible para la vida: está abarrotado, saturado con la radiación mortal del agujero negro supermasivo central y azotado por frecuentes explosiones de supernovas. Si el Sol hubiera permanecido allí, la Tierra habría sido bombardeada con radiaciones ionizantes capaces de destruir la atmósfera y esterilizar todos los océanos antes de que pudiera siquiera aparecer la vida. Al emigrar a los suburbios, el Sun encontró una “zona residencial” mucho más tranquila y segura. Es en esta calma galáctica que nuestro sistema solar pudo estabilizarse, permitiendo que la vida evolucionara durante miles de millones de años sin ser interrumpida por cataclismos cósmicos a escala galáctica.
Migrantes
“Todos somos inmigrantes”, comentaron los investigadores. Nuestro propio origen está ligado a un largo viaje a través del vacío. Saber que el Sol no es un objeto estático, sino protagonista de una migración masiva, cambia la forma de mirar el cielo nocturno. Estas 6.000 estrellas idénticas a las nuestras, hoy esparcidas por el disco galáctico, son los restos de una familia primordial que vivió en el corazón de la Vía Láctea. Al mirarlas, no solo vemos estrellas lejanas: vemos compañeros de viaje que, junto con el Sol, han buscado y encontrado un lugar más seguro donde por fin poder sentirse “como en casa”.
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