La educación sexual, tal como estableció el Gobierno en un texto modificado posteriormente en el Parlamento por la Liga, también permanecerá en las universidades, pero sólo con el consentimiento informado de las familias, que podrán decidir si sus hijos participan o no en cursos o conferencias sobre el tema en función de su contenido. La Cámara lo decidió ayer en medio de numerosas polémicas de la oposición, que hubiera deseado que la presencia fuera obligatoria incluso en los casos más delicados y controvertidos, como, por ejemplo, el tema de las teorías de género. Intentemos sumergirnos en la realidad: levante la mano si este padre (este abuelo) no tendría nada que objetar si el maestro de su hijo (su nieto), basándose en sus legítimas sensibilidades u orientaciones sexuales, le diera una lección sobre si es apropiado que un adolescente considere cambiar de género. Creo que la mayoría de las manos permanecerían bajas y no sólo en el ámbito político y cultural de centro derecha. Debe haber una razón por la cual ninguna democracia, lugar de libertad, ha pensado jamás en abolir la patria potestad, es decir, el derecho exclusivo de ambos cónyuges, en condiciones de igualdad, a proteger, educar e instruir al hijo menor y a velar por sus intereses respetando las leyes y sin recurrir a la fuerza. Para un liberal, por tanto, el Estado educativo, es decir aquel que pretende educar y reeducar a los ciudadanos según sus principios y gustos, debe ser considerado como un mal absoluto. La escuela pública no tiene derecho a dirigir en una u otra dirección el pensamiento de quienes se le han confiado, y mucho menos el cuerpo. Alguien objeta: “Eso no es cierto, sólo queremos informar”, sin olvidar que en el caso de personalidades no formadas, como los adolescentes, la información debe tratarse con cautela. Pertenezco a una generación que, a decir verdad, ni siquiera fue educada en la familia, sino que fue autodidacta en el campo.
No sólo sobrevivimos, sino que los afortunados lograron graduarse, cada uno en la materia que más le parecía adecuada, sin necesidad de leyes ni consensos. Como la sexualidad libre en estado libre, pero en el momento adecuado y de la forma adecuada y natural.