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“En la superficie”, “no como nosotros”, o “desconocido”… En el mercado de Alma, un barrio obrero de Roubaix (norte), los transeúntes elogian sus políticas. Nadia, una cuidadora, parece desanimada, “ya no quiere votar”, “no me siento representada”. Entre los puestos, entre suspiros y rostros desilusionados, los habitantes del barrio expresan un gran desinterés por la política local.

Y por una buena razón, la antigua ciudad industrial es 49% de clase trabajadora y 8% de clase alta. En el ayuntamiento electo, la paridad social es muy diferente, con sólo el 4% de las clases trabajadoras y el 67% de las clases altas elegidas según un informe del colectivo Democratize Politics (DLP) publicado en septiembre.

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