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“Berbessa. Mis antepasados ​​colonos”, de Michèle Audin, Editions de l’EHESS, “Apartés”, 160 p., 13,80 €.

No era la primera vez que Michèle Audin (1954-2025) ponía su talento de escritora y su rigor de científica –al igual que su padre, Maurice (1932-1957), y su madre, Josette (1931-2019), era una experta matemática– al servicio de la historia de su familia. Paralelamente a su compromiso con la memoria de la Comuna de París y, más en general, con los excluidos y derrotados, devueltos a la invisibilidad por la historia oficial, dedicó un magnífico homenaje a su padre (una vida cortaGallimard, 2013), a quien acababa de conocer, hasta el punto de que su rastro no se limitó a la trágica muerte del activista anticolonial, asesinado por el ejército francés. También había escrito un texto de increíble densidad para evocar a una bisabuela, una sedera fallecida a los 21 años, Clémence Janet (1879-1901), de la que sólo quedan cinco frases, arrancadas de la rigurosa eficacia de la información jurídica (Olvídate de ClemenciaGallimard, 2018).

En Berbessa. Mis antepasados ​​colonosque completó poco antes de su muerte, se dirigió a Mitidja, en el norte de Argelia, donde se establecieron una pareja de sus bisabuelos a mediados del siglo XIX.Y siglo, sobre todo en Berbessa, el pueblo de su abuela Alphonsine, creado para los inmigrantes del Valais, un inesperado enclave suizo en el Sahel argelino.

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