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Lo estaban esperando. El lunes 30 de marzo, la Comisión Europea se dirigió a los pescadores profesionales bretones, que representan el 38% de la población activa nacional, al anunciar la revisión de las cuotas de pesca de caballa. Mientras los científicos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (CIEM) clasificaban este pez cebra como una “especie colapsada”, la Comisión anunció una reducción de su cuota de pesca del 48% para el segundo trimestre de 2026. Una reducción más limitada que la decidida en diciembre de 2025: Bruselas fijó entonces una captura total permitida en 174.000 toneladas, o una reducción del 70% -el ritmo recomendado por los investigadores para frenar el colapso-, para la primera mitad del año. 2026.

Benjamin (nombre cambiado), pescador de Finisterre, es uno de los primeros afectados por esta medida. La caballa representó la mitad de su facturación invernal. Desde enero hace todo lo posible para resistir. “Recurro a otras especies menos rentables económicamente, como la sepia”Califica de desanimado al joven de casi cuarenta años que empezó en la profesión hace unos meses. “Antes me permitían 100 kg por día para un total de 500 kg por mes. Actualmente son 20 kg por día por 100 kg por mes, porque no soy miembro de ninguna organización profesional”.explica, deplorando la duplicación del precio de este pescado para el consumidor, lo que convierte a este último en un “pescado de lujo”. En Francia, en 2025, 1.300 barcos pescaban caballa para un total de unas 16.000 toneladas de alimentos, según la ministra delegada del Mar y de la Pesca, Catherine Chabaud.

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