La tumba es austera. No hay placa. Sólo unos pocos manojos de hierba amarillenta por el sol abrasador, atrapados entre cuatro paredes de azulejos. La tumba, sin embargo, es la de un hombre alguna vez temido y poderoso, cuya longevidad al mando de Chad nunca ha sido superada: el mariscal Idriss Déby Itno, en el poder desde 1990 hasta su muerte en 2021. A pocos metros, otra estela sencilla, la de su padre. El modesto cementerio, rodeado de acacias y dominado por una gran mezquita con una cúpula de color verde pálido, se encuentra a un paso del terreno familiar.
Es allí, en Amdjarass, ciudad situada en una cuenca natural bordeada de colinas rocosas, en el noreste de Chad, donde Idriss Déby Itno pasó parte de su infancia. Bajo su liderazgo, y ahora el de su hijo, Mahamat Idriss Déby Itno, que le sucedió en 2021, lo que entonces era sólo un pueblo pobre de unos pocos agricultores se ha convertido, en tres décadas, en una de las ciudades mejor equipadas de Chad y en un escaparate del poder de los Déby.
La localidad, situada a unos cincuenta kilómetros de Sudán, era también, hasta hace poco, un centro logístico de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR), los paramilitares sudaneses del general Mohammed Hamdan Daglo, conocido como “Hemetti”, a quienes las autoridades chadianas están acusadas de apoyar en la devastadora guerra civil que las enfrenta, desde abril de 2023, contra el ejército regular del general Abdel Fattah Abdelrahman Al-Bourhane.
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