En medio de las protestas que estallaron después del asesinato de Renee Nicole Good en Minneapolis durante una de varias redadas de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), los Panteras Negras están de regreso en Filadelfia. Liderado por el presidente nacional Paul Birdsong, el grupo local Partido Pantera Negra para la Autodefensa surgió con una coreografía que recordaba explícitamente la estética y el activismo de la década de 1960: uniformes negros, boinas y rifles de asalto a la vista. El objetivo es proteger las procesiones de manifestantes anti-ICE pero especialmente los barrios donde viven comunidades afroamericanas, así como las de minorías en general. En palabras de Birdsong, los Panteras Negras son el “escudo armado” de quienes viven aterrorizados por las políticas trumpianas, llevadas a cabo por agentes federales que muchos en Estados Unidos ahora llaman la “Gestapo”.
En el gélido invierno de Filadelfia, la ciudad donde los Padres Fundadores se reunieron en el Independence Hall para redactar y firmar la Constitución en septiembre de 1787, el regreso operativo de las Panteras Negras marca un punto de inflexión radical en el panorama de la protesta estadounidense. Esta no es una simple reconstrucción histórica. Y el grupo ya no actúa sólo como un bastión de la comunidad negra, sino que ha surgido para proteger a “los inmigrantes que se han encontrado en el punto de mira de las deportaciones masivas de Donald Trump”. El movimiento volvió a ganar impulso en respuesta al asesinato de Renee Nicole Good, madre de tres hijos, que fue asesinada a tiros por un agente federal en Minneapolis durante una redada. El acontecimiento actuó como catalizador, transformando el dolor en una postura de defensa proactiva. Birdsong es categórico: “Si hubiéramos estado allí, nadie se habría visto afectado. Agentes de ICE, escúchenme: si cometen delitos en esta ciudad, irás a prisión“.
El lunes 19 de enero, con motivo del Día de Martin Luther King, activistas anunciaron el inicio de una movilización permanente frente a las oficinas de ICE. No se trata de una elección aleatoria: el día que se celebra la lucha por los derechos civiles, Filadelfia responde con una forma de resistencia radical… y armada en su propia defensa. La novedad política más relevante de esta movilización es la fusión de la agenda de liberación negra con la de los derechos de los inmigrantes y las minorías en general. Se trata de una clara ruptura con el discurso dominante, que a menudo ha tratado de presentar a estas comunidades como competidoras por recursos sociales limitados. La lógica adoptada en Filadelfia es brutal en su simplicidad y apunta directamente a la interseccionalidad de las luchas: “Cuando vienen por uno de nosotros, ya están planeando venir por todos”, dijo Birdsong. Esta solidaridad intersectorial reescribe las reglas del disenso urbano, creando una coalición que el gobierno federal lucha por gestionar con métodos convencionales.
La respuesta de la Casa Blanca no se hizo esperar. Donald Trump llamó a los manifestantes “insurrectos pagados” y amenazó una vez más con invocar laLey de insurrección desde 1807. La activación de esta ley permitiría al presidente desplegar el ejército regular en suelo nacional para sofocar disturbios, anulando la autoridad de los gobernadores. En Filadelfia, por otra parte, la división institucional es total. Por un lado, el poder federal impulsa el uso de la fuerza; por otro lado, las autoridades locales opusieron resistencia burocrática y política. El fiscal de distrito Larry Krasner y miembros del concejo municipal como Kendra Brooks dijeron al Agentes de ICE ‘no son bienvenidos’ en la ciudad, promoviendo activamente sesiones de “Conoce tus derechos» (literalmente: “Conozca sus derechos”) para preparar a los ciudadanos para las redadas y frustrar la acción federal.
La acción de los Panteras Negras no se limita a la demostración de armas. Su estrategia evoluciona por dos caminos paralelos. Por un lado, yo patrullas armadas alrededor de los centros de detención y en vecindarios sensibles, sirven para desalentar el abuso de poder por parte de las fuerzas del orden. Por otra parte, el grupo reactivó la programas de ayuda mutua: distribución de alimentos y artículos de primera necesidad para que el miedo a las redadas no paralice la vida cotidiana. Esta presencia ha creado una profunda división en la opinión pública. Si para muchos residentes, las Panteras representan la única protección tangible contra un Estado percibido como autoritario, los críticos, así como la prensa conservadora, temen que la presencia de civiles armados pueda desencadenar una espiral de violencia incontrolable. Sin embargo, los datos de campo sugieren un primer efecto: las redadas previstas para el fin de semana pasado en determinados barrios de Filadelfia fueron aplazadas o reducidas drásticamente por “razones de seguridad”.
En un Estados Unidos que parece haber perdido todo terreno común para el diálogo, Filadelfia se ha convertido oficialmente en el laboratorio de una nueva resistencia urbana. Queda por ver si este modelo seguirá siendo un caso aislado o si se convertirá en la chispa de una movilización nacional capaz de paralizar las políticas migratorias de la Casa Blanca. El desafío está en marcha y las calles de la ciudad nunca han sido tan cálidas en invierno.