Se pretende ampliar la investigación sobre el pequeño Domenico, el niño napolitano cuyo corazón fue trasplantado y que llegó al hospital Monaldi de Nápoles dañado por una serie de inconvenientes que ahora la justicia pretende esclarecer. El número de sospechosos, actualmente seis y todos en Nápoles, parece destinado a aumentar con la intervención de algunos profesionales de Bolzano, donde los operadores de Monaldi acudieron el pasado 23 de diciembre para extraer el corazón para trasplantar al niño de dos años. Una operación que no tuvo éxito dadas las condiciones en las que llegó el corazoncito, literalmente quemado. La noticia de hoy surge de la línea de investigación tras la lluvia helada de ayer del equipo de expertos que consideró que el pequeño Domenico no toleraría un nuevo trasplante de corazón, cerrando así la puerta a cualquier esperanza de supervivencia.
“Cuando nos damos cuenta de que esta solución ya no es posible, llega el momento del cuidado reconfortante: acompañar al niño, con sus padres, hacia el final de su vida de la mejor manera posible”, explica Antonio G. Spagnolo, profesor titular de bioética en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, campus de Roma. “Acompañarlo – explica Spagnolo – significa ponerlo bajo sedación, para evitar que sufra más. Insistir más en el aspecto técnico aumentaría dolorosamente su sufrimiento”. En el plano judicial, estamos a la espera de la llegada de los documentos de la investigación abierta en Bolzano en la que se asume responsabilidad por negligencia en caso de muerte o lesiones corporales en el sector sanitario, actualmente contra personas desconocidas. Es por esto que en la lista de sospechosos también podrían incluirse algunos operadores de Alto Alto. La atención se centra, como se desprende claramente de las primeras líneas de esta fea historia, en el suministro de hielo. Según lo que se desprende hasta el momento de la investigación interna de Monaldi, en Bolzano el contenedor destinado a transportar el corazón explantado se llenó con hielo seco en lugar del contenedor tradicional utilizado en estas circunstancias, provocando congelación y daños al órgano.
“Al abrir el contenedor térmico, fue imposible extraer el cubo que contenía el corazón, completamente enterrado en un bloque de hielo”, certifica la auditoría de la empresa hospitalaria Monaldi. Del acta de la investigación interna realizada se desprende que “a pesar de la fuerte sospecha de daños graves debido a la congelación del órgano, a falta de alternativas” – dado que el corazón enfermo del niño ya había sido extraído – “se decidió proceder de todos modos y con la mayor celeridad a la implantación”. Entre las cuestiones por resolver se encuentran también los motivos por los que se extrajo el corazón del pequeño antes de comprobar el estado del nuevo órgano llegado desde Bolzano. Los testimonios de los médicos en el quirófano durante la auditoría de Monaldi no coinciden en este punto.
Por la noche, más de cien personas se reunieron en la plaza Nola para una procesión con antorchas: globos en forma de corazón, antorchas y una pancarta con la inscripción “Por nuestro guerrero” en la calle. La lluvia torrencial hizo que la manifestación de solidaridad se convirtiera en un momento de oración en la cercana catedral.
Entre los presentes también se encontraban ancianos y madres con niños en cochecitos que encontraron refugio en la iglesia. Otro momento de oración tuvo lugar por la mañana en la parroquia María Santísima della Stella de Nola, en presencia de los padres y hermanos del pequeño. Para monseñor Pasquale Capasso, vicario general de la diócesis de Nola, la lección de Domenico es una lección de vida. “La vida de Domenico – afirmó – no está perdida si ha producido y producido este movimiento de cambio: el ‘después’ ya no será como el ‘antes’. Palabras que complementan las pronunciadas ayer por la madre Patrizia y que no piensa darse por vencida: “Mientras mi hijo respire, espero que no muera”.
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