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A veces la libertad tiene que refugiarse en Neverland. Esto ocurre también hoy, en el siglo XXI, donde la humanidad ha tomado conciencia de que el progreso tecnológico y científico y un siglo de masacres y dictaduras no han sido suficientes para convertirse en guardiana atenta y respetuosa de este bien que, cuanto más cálidos y bien alimentados estamos, más tendemos a olvidar lo precioso y frágil que es. Este es el fenómeno por el cual en Irán los estudiantes de Azar Nafisi se habrían dejado matar sólo por leer a Nabokov y hoy se dejan matar en las calles en señal de protesta, mientras los niños occidentales se encierran en sus casas para atiborrarse de TikTok y ayunar para no abrir una página de Lolita.

Sin embargo, la libertad también encuentra caminos que la censura desconoce, y en este caso, los encontró en uno de los videojuegos más difundidos y populares del planeta: Minecraft. Es allí, entre los ladrillos de su realidad virtual, donde apareció la isla donde los textos prohibidos pueden permanecer seguros, un refugio protegido, inexpugnable y al mismo tiempo accesible a todos. Se llama The Uncensored Library y es el lugar digital que encarna el verdadero deseo de libertad de expresión para todos, para todos, en todas partes. La idea es que, gracias al poder omnipresente de los videojuegos, los jóvenes que crecen en (pero no sólo) países autoritarios pueden tener acceso a información no controlada por el Estado. La Biblioteca fue creada en marzo de 2020 por los diseñadores de Minecraft y Reporteros Sin Fronteras, la asociación que publica el Índice de Libertad de Prensa: un ranking global de censura en 180 países. Algunos de los peores países del ranking, como Eritrea, que ocupa el último lugar, disponen de una sala en la Biblioteca, donde se pueden consultar artículos, entrevistas y reportajes censurados, que se presentan en forma de libro, en versión original y en inglés. La sencillez con la que se salta el control es genial, pues para leer lo que estaría prohibido sólo hay que entrar al juego: nadie puede modificar o borrar lo que hay en la Biblioteca y nadie puede prohibir el acceso, a menos que bloquee completamente Minecraft. Pero también es un obstáculo que se puede sortear con una conexión de red privada y segura.

En esta pequeña isla se alza majestuosa la Biblioteca, de estilo neoclásico, con una cúpula de trescientos metros de ancho y un virtual mar Egeo rodeándola: un homenaje al conocimiento y la libertad de la civilización clásica nacida en Europa, y no está de más recordárnosla de vez en cuando. Cualquiera que entre puede visitar diferentes salas, además de la del Índice de Libertad de Prensa: Egipto, Bielorrusia, Brasil, México, Vietnam; Arabia Saudí (162º en el ranking), donde podemos leer los artículos de Jamal Khashoggi, el periodista exiliado asesinado en la embajada saudí en Estambul en 2018 y cuya socia, Hatice Cengiz, fue una de las primeras defensoras de la Biblioteca; Rusia (171), con artículos de voces antirégimen, como las de los colectivos Liudi Baikala y grani.ru; Irán, donde se encuentran, entre otros, los testimonios de Elaheh Mohammadi, encarcelado por haber tenido el coraje de hablar del funeral de Mahsa Amini. Y desde ayer (el 12 de marzo es el Día Mundial Contra la Cibercensura) también está abierta la sala de Estados Unidos. Como señala un extenso artículo del New York Times, estar en compañía de dictaduras y autocracias podría provocar una reacción de rechazo. Y luego: no hay lugar para China, no hay lugar para Corea del Norte, Siria o Afganistán y ¿hay Estados Unidos? Bueno, lo principal también es esto: nunca dejar de estar atentos, precisamente allí donde ciertas libertades se dan por sentadas. De hecho, Estados Unidos cayó al puesto 57 del índice (frente al 45 en 2020) y, entre las causas de esta caída, Reporteros sin Fronteras destacó la hostilidad de la administración Trump hacia los periodistas, las presiones políticas y financieras y la introducción de limitaciones al acceso de los periodistas. En resumen, no sólo hay lugar para la censura directa, sino también para una censura más sutil y menos visible.

Hasta ahora, la biblioteca ha sido visitada más de un millón de veces y sus libros han sido leídos diez millones de veces. Intentaron hackearlo, pero no pudieron. Los jugadores pueden cargar el mapa de la biblioteca en su servidor y darle a los textos censurados una vida nueva e infinita.

Y así es como un videojuego parece haber conseguido aquello para lo que (también) nació Internet, al menos en la intención de sus primeros pioneros: promover el conocimiento y la libertad. Transporta a cualquiera a Neverland y vive allí por un tiempo.

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