Desde hace un mes los ataques en Irán son seguidos con extrema atención por los propios iraníes, sea cual sea su bando. Pero en el espacio público sólo domina una voz: la de los partidarios del régimen. Los demás, los que habían desafiado a la muerte durante las manifestaciones del pasado enero, se encerraron en silencio. Refugiados en sus casas, viven estos acontecimientos con angustia. A partir de ahora, el temor a que el conflicto se estanque afecta a ambas partes.
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