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Basta (o casi) de charla entre socialistas y “rebeldes”. No más ukase, ultimátums y portazos. En Toulouse, Limoges, Clermont-Ferrand, Brest, Nantes, Aviñón y Estrasburgo, el día después de la primera vuelta de las elecciones municipales y al final de una agotadora noche de negociaciones, el Partido Socialista (PS) y Les Ecologistes firmaron numerosas alianzas con La Francia Insumisa (LFI) de cara a la segunda vuelta. Después de la guerra fratricida de las últimas semanas, las contingencias electorales han vuelto a llevar al LFI y al PS a la mesa de negociaciones y el hacha ha sido –aparentemente– enterrada.

El partido rosa acordó apoderarse “mano extendida” por Jean-Luc Mélenchon, que desde hace varios días pide formar a un “frente antifascista” para contrarrestar a la extrema derecha. Hasta tal punto que despertó el sarcasmo de Macronie, de la derecha y de la Agrupación Nacional (RN), que recordó a la dirección del PS su promesa de ruptura, incluso ambigua, tras la polémica por la muerte del activista de extrema derecha Quentin Deranque bajo los golpes de activistas antifa, algunos de los cuales habrían pertenecido a la Joven Guardia, y los dudosos juegos de palabras del líder “rebelde” sobre los apellidos judíos.

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